Sueño americano roto por crimen organizado y políticas migratorias

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Tijuana – México La historia de una mujer hondureña y su pequeño hijo de 8 años en el intento de lograr el sueño americano, ha sido trágica. Tras pasar por tres coyotes, estar secuestrado en Reynosa por el crimen organizado, pagar $12,000 por su recate y finalmente llegar a Estados Unidos, fueron devueltos por el gobierno estadounidense a México.

M. junto a su pequeño hijo de 8 años hoy temen que algo malo les suceda por estar nuevamente en México, en un albergue.

La mujer explicó que cuando salió de Honduras, fue guiada por tres coyotes, en varias oportunidades fue detenida por policías mexicanos a quienes les rogó que no la devolvieran a su país, pero el peor de sus recuerdo fue cuando los secuestraron.

En la última parada en Reynosa que los llevaría a Estados Unidos, comenzó la pesadilla, «Nos montaron en una troca (camión de carga), y junto a otras 8 personas más nos llevaron a una casa y allí nos encerraron. Yo pensé que era cuestión de minutos para salir», pero no fue así.

Durante los primeros minutos de cautiverio, cuatro hombres entraron a la habitación donde permanecían, estaban encapuchados y con armas.

«Nos dijeron que eran el Cártel del Golfo, que ellos cuidaban esa zona ahí y que ellos eran migración, que eran todo», relata la madre de 43 años.

Por la liberación de ella y su hijo estaban pidiéndole a la familia 12,000 dólares: 6,000 dólares por cada uno. Les dieron 17 días para conseguir la alta suma.

«Le decían que  si no pagábamos, al niño le iban a sacar los órganos, que lo iban a matar, y que a mí me iban a vender».

Por ser una familia de pocos recursos, a M lo único que se le venía a la mente durante el secuestro era que los iban a matar, «La única opción que tenía yo era clamarle a Dios». El yerno de M  se encontraba en contacto con los secuestradores en cada llamada.

El día de la alegría llegó para M y su pequeño de 8 años cuando los secuestradores del cartel tras 19 días en cautiverio le dijeron, «Pues ya pagaron tu dinero».

La madre tomó a su pequeño y salió corriendo, los miembros del cártel los llevaron hasta el río Bravo y le dieron la instrucción: «Dejen que los atrape inmigración». Así hicieron y llegaron a Texas a salvo.

«Estando en Texas, en custodia de la Patrulla Fronteriza, nos enteramos el segundo día de que nos trasladaban a San Diego, California», narra. Allí le preguntaron quién los recibiría en Estados Unidos, y ella respondió que su hermana, que está en Nueva York.

Cuando llegaron a la estación de procesamiento en San Diego, les dieron la mala noticia de que iban a ser devueltos a México para desde allí pedir el asilo en EE.UU.

«Yo les dije a los que me tomaron la declaración: Yo no puedo volver a México porque a mí me secuestraron, ¿no hay una forma de que me puedan ayudar?» explicó decepcionada M, quien solo obtuvo un «No, vas para México» como respuesta.

Hoy M y su hijo viven en un albergue del lado mexicano, en una ciudad altamente insegura y donde tres cárteles (el de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y los Arellano Felix) se disputan el control de la zona.

La mujer hondureña y su hijo, esperan con miedo, decepción, y dolor en su alma, que llegue Enero para ante una corte estadounidense en México pelear por el asilo.

M es solo una historia de las decenas que cada día viven los centroamericanos victimas de la violencia organizada que impera en los estados fronterizos.