martes, mayo 21, 2024

Diplomacia con ideología políticas

La diplomacia internacional en América Latina, está sufriendo desgaste en

sus pilares por la que fueron sustentados dentro de su formación académica en

la Organización de Naciones Unidas(ONU) en materia de política exterior. Y

lo acontecido entre estos dos países hermanos en Latinoamérica entre México y

Ecuador, es muy lamentable para ellos y grave para el resto de los 193 países que

forman parte de este organismo mundial.

Los hechos consumados, cuya transparencia de inviolabilidad se presentan

cuestionables y explicables dentro de la diplomacia mexicana y ecuatoriana,

merece un profundo análisis de origen de sus causales, por las que nació una

ruptura de relaciones en estos dos gobiernos. Existen precedentes de casos

similares al acaecido en la embajada mexicana con asiento en Ecuador, que

merecen ser cuidadosamente revisados por sus cancilleres de sus propios

gobiernos.

Ser huésped en una embajada para un ciudadano condenado por la justicia

con sentencia ejecutoriada por el ministerio de la ley, no existe tipificación

de esta figura jurídica en el Convenio de Caracas de 1954 y 1964. Los asilos

políticos son para quienes son perseguidos políticos y no para sentenciados que

tienen que cumplir penas impuestas por un alto Tribunal de Justicia; de tal

manera que una persona con la categoría de prontuariada no puede acogerse

ni siquiera a un Habeas Corpus, porque no existe jurisprudencia internacional

dentro del procedimiento de la diplomacia exterior, para desvanecerla y es

esto el origen por el que nació el conflicto, en virtud que las embajadas no

tiene la categoría de hoteles con ninguna estrella para recibir huésped de honor

condenados para que se sean hospedados a tiempo indefinido, sino recordemos

los casos de Alán García, expresidente del Perú en la embajada de Uruguay,

que no fue admitido para un asilo político porque estaba incurso a la Justicia

Ordinaria y no a una persecución política como pretendía usar a la embajada

uruguaya y, el caso de Julian Assange en la embajada de Ecuador, en Inglaterra;

a diferencia que Assange sí tuvo un asilo político y sin embargo, Ecuador,

más tarde, se lo retiró. De estas pruebas abundan otras para la diplomacia que

pueden ayudar a resolver las relaciones exteriores entre los Estados Unidos

Mexicanos y Ecuador, como lo han expresado juristas de ambos países en el

campo de la diplomacia internacional, cuyos pueblos guardan lazos de amistad

y hermandad por décadas, mismos que los une una trayectoria cultural como

naciones de paz y soberanía.

La diplomacia no puede ni debe infiltrarse con ideologías políticas en el

servicio exterior de los pueblos y en sus gobiernos que la representan, porque

los únicos que pierden son los ciudadanos que viven en cada uno de ellos y la

institucionalidad en cada nación. Es necesario repensar los efectos negativos

que están acarreando hasta el momento en cada país.

Nadie puede negar una medida exabrupta a la inviolabilidad en la

embajada mexicana ordenada por el presidente Noboa. Nadie y en eso no hay

equivocación lo resultó por la Secretaría General de Naciones Unidas (ONU),

que sale a explicar que no es procedente el pedido por México para expulsar

al Ecuador. Sin embargo, ella hizo observaciones a México, para no usar su

embajada violando procedimientos diplomáticos, que con todo acierto el origen

de ese exabrupto lo propició el presidente mexicano AMLO, al intervenir en

política exterior de Ecuador y con descalificativo a un proceso electoral que

solo le faculta a los ecuatorianos observarlo. Aún así, tampoco se justifica la

incursión a la embajada mexicana en Quito, pero sí es honesto y prudente usar

una diplomacia de evaluación para una normal restauración de relaciones. Al

fin los gobiernos no son eternos ni siquiera las dictaduras, pero sí más duradera,

con todas sus imperfecciones, su democracia que los países la defienden junto a

la liberta del hombre a la que tiene derecho sin ideologías sino a su convivencia

de paz.

En estos momentos de tensión diplomática que atraviesa México y Ecuador,

no se debe prescindir del diálogo respetuoso entre las partes, porque es el único

camino para restablecer las relaciones de estos dos países hermanos. Es posible

que en la ONU haya que revisar procedimientos en la diplomacia exterior

de Latinoamérica, para no darle figura ideológica política a la diplomacia

internacional, que es la que está enmarcando un mal uso al asilo político dentro

de sus embajadas.

Diplomacia con ideologías políticas

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