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New York.- La muerte por su propia mano de la célebre diseñadora Kate Spade hace apenas unos días ha sido el último de los episodios conocidos de un problema mucho mayor que afecta a la sociedad estadounidense.

De acuerdo con un reporte de The Washington Post, las tasas de suicidio aumentaron en todos los estados, excepto en uno, entre 1999 y 2016, al tiempo que se observaron cambios en la edad, el género, la raza y la etnia, según un informe publicado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés).

Lo llamativo del asunto es que, en más de la mitad de las muertes en 27 estados, las personas no poseían una condición de salud mental conocida cuando terminaron con sus vidas.

En Dakota del Norte, por ejemplo, la tasa subió por encima del 57%.

Pero para el período analizado de 2014 a 2016, la tasa fue más alta en Montana, con 29.2 fallecimientos por cada 100,000 residentes, en comparación con el promedio nacional de 13.4 muertes por cada 100,000 habitantes.

El único estado que registró una disminución fue Nevada, si bien apenas del 1% para todo el período, lo que sigue siendo alto en comparación con el promedio nacional.

Cada vez más el suicidio es observado no solo como un problema de salud mental sino como un problema de salud pública.

En el país en ese período se produjeron cerca de 45,000 suicidios, una cifra que duplica y sobrepasa a la de homicidios, convirtiéndolo en la décima causa de muerte para todas las edades, mientras llama la atención que para las personas que están entre los 15 y los 34 años se trate de la segunda causa de muerte.

En la mitad de los estados, el suicidio entre las personas de 10 años o más aumentó en más del 30%.

Aunque, por ejemplo, la diseñadora Kate Spade y el actor Robin Williams se hayan quitado la vida ahorcándose, en general el método más utilizado en Estados Unidos sigue siendo el disparo con arma de fuego.

Datos inquietantes

“Los datos son inquietantes -declaró para The Washington Post Anne Schuchat, directora adjunta principal de los CDC-. La naturaleza generalizada del aumento, en todos los estados menos en uno, realmente sugiere que se trata de un problema nacional que afecta a la mayoría de las comunidades”.

“¿En qué punto es una crisis? -se preguntó Nadine Kaslow, expresidenta de la Asociación Estadounidense de Psicología-. El suicidio es una crisis de salud pública cuando ves que los números siguen subiendo. Está en todas partes. Y sabemos que las tasas son en realidad más altas de lo que se informa. Pero los homicidios aún reciben más atención”.

Pero este fenómeno no es nuevo. Ya en 1999, el entonces Cirujano General David Satcher publicó un informe sobre el estado de la salud mental en el país y calificó el suicidio como “un importante problema de salud pública”. En ese momento las estadísticas mostraban unos 30,000 suicidios al año.

A Kaslow le preocupa especialmente el suicidio entre las mujeres.

“Históricamente, los hombres exhibían tasas de mortalidad más altas que las mujeres -acotó-. Eso se ha ido igualando, no porque los hombres estén cometiendo menos suicidio, sino porque las mujeres lo están haciendo más”.

El otro aspecto alarmante reside en el alto número de suicidios entre personas sin una condición conocida de salud mental. En los 27 estados que están conectados al Sistema Nacional de Informes sobre Muertes Violentas, el 54% de los suicidios fueron cometidos por personas sin una enfermedad mental conocida.

Afección de Salud Mental

Sin embargo, para Joshua Gordon, director del Instituto Nacional de Salud Mental, “cuando se realiza una autopsia psicológica y se investiga detenidamente en los registros médicos, y cuando se habla con los familiares de las víctimas, el 90% tendrá evidencia de una afección de salud mental”.

Ello indica que una gran parte de los fallecidos no fue diagnosticada a tiempo. En este caso, aquellos sin una condición conocida de salud mental suelen ser hombres y pertenecer a una minoría racial o étnica.

“Los hombres y los hispanos en especial tienen menos probabilidades de buscar ayuda”, recalcó Gordon.

Los problemas más frecuentemente asociados con el suicidio, según los estudios, son las relaciones humanas tensas, el estrés, a menudo relacionado con el trabajo o las finanzas, así como las crisis recientes o inminentes.

La conclusión más importante, según los profesionales de la salud mental, es que el suicidio es un problema, no solo para los enfermos mentales, sino para cualquier persona que tenga problemas serios en su estilo de vida.

“¿Qué estamos haciendo como nación para ayudar a las personas a manejar estas cosas? -se preguntó Christine Moutier, directora médica de la Fundación Estadounidense para la Prevención del Suicidio- Porque cualquiera puede experimentar esas tensiones. ¡Cualquiera!”