sábado, junio 25, 2022

Las llegadas a Grecia no paran pese al comienzo de las deportaciones

Grecia.- El último episodio en la respuesta de la UE a la crisis de los refugiados la expulsión de los primeros migrantes este lunes a Turquía en aplicación del pacto bilateral quedó inmediatamente superado por la realidad. Tras duras negociaciones políticas, 202 personas (sobre todo paquistaníes y afganos) fueron embarcadas en tres ferris desde las islas griegas de Lesbos y Quíos rumbo a la ciudad turca de Dikeli pero la cifra de retornados quedaba muy lejos de los 339 arribados en zódiacs en las 24 horas previas a las costas helenas o los 514 de las 24 horas anteriores. Simultáneamente, 16 sirios fueron trasladados legal y directamente desde Turquía a Alemania.

Amanecía en Lesbos cuando 136 migrantes, trasladados en autobuses desde un centro de registro convertido tras el acuerdo UE-Turquía en centro de detención, abordaron en el puerto de Mitelene (capital de Lesbos) dos ferris que suelen usar los turistas entre ambos países. Cada uno de ellos iba acompañado por un policía europeo (sobre todo franceses y bálticos) de paisano y desarmado; los expulsados no iban esposados en el puerto ya que las autoridades les quitaron las cintas de plástico en el interior de los autobuses antes de embarcar, informa Belén Domínguez. Ninguno de ellos había pedido asilo, explicó una portavoz de Frontex en el puerto. Desde la vecina Quíos fueron deportados otros 66.

A las dudas sobre la legalidad y las posibilidades reales de aplicar el pacto con Turquía sobre el terreno, se suman las dudas sobre su eficacia. El objetivo declarado –frenar las salidas desde Turquía se puede considerar cumplido porque las llegadas han disminuido desde que entró en vigor, el 20 de marzo, pero las llegadas persisten y la llegada del buen tiempo augura un aumento. “Vamos a intentarlo. Es por nuestro futuro. Total, ya estamos muertos”, explicó Firaz, un sirio kurdo al ser rescatado en Lesbos horas después de las expulsiones, a Reuters. El 85% de los llegados son sirios, afganos e iraquíes, según Acnur.

Las constantes llegadas aumentan la presión sobre Grecia, el socio más débil de la UE, que mientras intenta superar la voraz crisis económica debe lidiar con todos los migrantes llegados ante el cierre de las fronteras en los Balcanes. El país, con 11 millones de habitantes, tenía este lunes a 52.451 personas varadas en su territorio. Los refuerzos de Frontex y Easo, las agencias europeas de la UE para fronteras y asilo, llegan pero a cuentagotas. De los 1.500 policías y los 400 funcionarios de asilo solicitados a los países hace 15 días, están desplegados en Grecia 206 y 32 respectivamente, según una portavoz de la Comisión.

En Moria, el centro de retención de Lesbos, unas 2.000 personas quieren iniciar los trámites de asilo, según Acnur. La agencia de la ONU para los refugiados aseguró, a través de un portavoz en la isla, que hasta ahora se han salvaguardado su derecho al asilo pero advierte de que es necesario que sean entrevistados en las condiciones debidas y eso requiere reforzar el servicio de asilo griego.

La semana pasada hubo un bajón fuerte de llegadas pero parece que obedeció más a un temporal que a la capacidad de disuasión de las políticas europeas. El Servicio Jesuita para los Refugiados ha insistido en que la única solución real son las vías legales para pedir asilo o inmigrar sin jugarse la vida: “Esta crisis no la vamos a resolver solo levantando muros. Reducir la inmigración ilícita será imposible sin vías legales y seguras a Europa”, recalcó el SJR. Esas vías legales a menudo existen, como el resentimientos, que Europa usa muy tímidamente (los reasentados ahora a Alemania, Finlandia y Holanda se suman a los 4.555 de los últimos meses pero la Unión se ha impuesto un tope de 72.000).

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