lunes, junio 27, 2022

Estudiante obtuvo una calificación casi perfecta sin saber inglés

Los Angeles.- “Hello” era la única palabra en inglés que Omar Ramírez sabía decir cuando regresó a Estados Unidos hace dos años. En México, donde vivió la mayor parte de su vida, jamás pensó que la transición cultural sería tan complicada, ni que terminaría sintiéndose como un inmigrante en su propio país.

Ramírez nació hace 17 años en Torrance y siendo un bebé sus padres decidieron retornar al estado de Jalisco, en el occidente mexicano, después de un fallido intento por establecerse en EEUU.

En México él fue uno de los 800,000 estadounidenses que han crecido en un país ajeno ya sea por la deportación, la falta de empleo y otras circunstancias que forzaron a que sus padres volvieran a su lugar de origen. Es una generación de “repatriados” que difícilmente vuelve a conectarse con su tierra natal.

Como muchos migrantes, el chico se despidió de su familia y vino a buscar un futuro mejor.

 

.Dificultades

«Pensé que iba a ser fácil, que iba a ser un sueño muy bonito y cuando llegué me di cuenta que era difícil», dice.

Un tío lo recibió en su casa y lo inscribió en el décimo grado en una secundaria de Palmdale, donde inició el reto más grande de su vida: retomar su educación en una lengua que no dominaba.

“La primera frase que aprendí fue ‘No hablo inglés’”, relata el joven. “El hecho de que no podía comunicarme con la gente se me hacía humillante, quería decir algo y no podía”.

En el siguiente ciclo escolar él ingresó a la secundaria Santee, en el Sur Centro de Los Ángeles, donde a pesar de la gran cantidad de alumnos hispanos no quiso dejar de practicar inglés.

“Yo me enfoqué en sobresalir a pesar de las circunstancias”, señala el adolescente. “Cuando tenemos desventajas es cuando aprovechas las ventajas”, reflexiona.

Así, después de sufrir por no entender lo que decían sus profesores y compañeros, Ramírez alcanzó una calificación (GPA) casi perfecto de 3.9 (la perfección es el 4.0) y fue aceptado en la Universidad Estatal de California en Long Beach (CSULB), donde planea estudiar diseño gráfico, una carrera que conoció en una clase en Santee. «Pensé que iba a ser fácil, que iba a ser un sueño muy bonito y cuando llegué me di cuenta que era difícil», dice.

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