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Ciudad de México – México.- A través de un comunicado oficial, los Legionarios de Cristo han anunciado que el sacerdote Fernando Martínez, uno de los curas involucrados en la oleada de abusos sexuales a menores de edad, ha quedado apartado de las funciones sacerdotales. La congregación más importante de México, detalló que Martínez “ha perdido el estado clerical y ya no podrá ejercer el ministerio sacerdotal”, aunque “sigue perteneciendo a los Legionarios de Cristo”.

Las acusaciones por pederastia en contra de Martínez, quien actualmente tiene 80 años de edad, datan desde la década de los setenta y habrían sido cometidas en tres tres centros educativos controlados por la congregación en México. Los actos de Martínez estuvieron encubiertos durante años por el el fundador de la orden, Marcial Maciel, quien tras cada acusación solo procedía a trasladarlo de colegio sin tomar mayores acciones en su contra.

Pero la historia de Martínez cambió y la justicia ante tanto abuso comenzó a llegarle. Una denuncia pública presentada por una mujer en México en contra del sacerdote encendió las alarmas del Vaticano, pese a que los Legionarios de Cristo nunca aceleraron las pesquisas internas en su contra.

Para Ana Lucía Salazar, la mujer que denunció al sacerdote en 2019, que Martínez haya perdido el estado clerical no es suficiente por el daño que él causó.

“Eso no es un castigo, Fernando Martínez tiene 80 años… No se retiró, lo jubilaron y como cualquiera tendrá los beneficios”, expresó.

Tras 79 años de haber sido fundada la congregación los Legionarios de Cristo, al menos 175 menores han sido víctimas de delitos sexuales cometidos por 33 de sus sacerdotes. Justamente encabezando la criminal lista se encuentra el fundador de la orden, Maciel, al que se le atribuyen al menos 60 casos de pederastia, según reza en el informe de una investigación interna realizada el pasado año.

El informe fue publicado después de que el papa Francisco ordenara suprimir el secreto pontificio sobre los pederastas eclesiásticos y constató que la pedofilia era una práctica sistémica incrustada dentro de la orden y estaba protegida por un manto de impunidad y encubrimiento, hasta el punto de ser un requisito que facilitaba la obtención de ascensos y puestos de poder.

El caso más relevante sobre tal abuso de poder y que terminó convirtiendo a una víctima en victimario, fue justamente protagonizado por Maciel y Fernando Martínez.

“El padre Maciel abusó del padre Fernando Martínez en Ontaneda y Roma en verano y otoño de 1954, cuando tenía 15 años. Tras los abusos por parte de la antigua víctima, se fue cumpliendo a su vez el patrón sistémico de encubrimiento y patrocinio: aunque sabía que el padre Martínez a su vez había abusado, el padre Maciel decidió trasladarlo de un lugar a otro”, detalló la investigación.