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San Luis Río Colorado – México.- Julio Montenegro es un guatemalteco, de 33 años, que partió de su país natal, con la intención de solicitar asilo en Estados Unidos.

 

Hoy en día, Julio forma parte de las más de 950 personas que arribaron al norte de México, procedentes de Centroamérica y que aguardan a que llegue su turno para entrevistarse con las autoridades migratorias estadounidenses.

 

Al igual que sus compañeros, el hombre persigue el “sueño americano”. Por ello, espera paciente en San Luis Río Colorado, una localidad del estado mexicano de Sonora, que tiene frontera con el poblado de San Luis, en Arizona.

 

Allí, el grupo de inmigrantes levantó un pequeño toldo, que sirve de refugio y de lugar de encuentro. En su centro, los indocumentados instalaron una mesa plegable, que se ha convertido en el lugar de extensas conversaciones.

 

Aunque muchos ya se conocen, otros se saludan por primera vez. Sin embargo, entre todos reina la camaradería y la certeza de que cuentan con el que tienen al lado.

 

Probablemente lo que más los hermana es el hecho de saber que, unos y otros, son objeto de una política que recibe el nombre de “metering” (dosificación) y que ha sido implementada por el gobierno de Donald Trump, a través de sus agencias federales.

 

Esa práctica prohíbe a los migrantes que solicitan asilo en Estados Unidos, mantenerse en la tierra del “Tío Sam”, si han pasado antes por un tercer país. La norma, que afecta incluso a aquellos que han iniciado el proceso, los obliga a hacer cola en México, mientras se resuelven sus peticiones.

 

Ha sido la dosificación la causante de tragedias como la que ocasionó la muerte del salvadoreño Óscar Alberto Martínez y de su hija Valeria Martínez.

 

Cansado de esperar en los límites entre México y Estados Unidos, el hombre quiso llegar ilegalmente a suelo estadounidense. En ese afán, el indocumentado intentó cruzar el río Bravo, junto a su pequeña y a su esposa.

 

Cuando el hombre regresaba a buscar a su cónyuge, quien aguardaba en la orilla mexicana, la niña de dos años, a quien Óscar había dejado del lado norteamericano, saltó a las aguas.

 

Al advertir la situación, el desesperado padre se abalanzó en una infructuosa misión de rescate. Él y su hija fueron arrastrados por la corriente. Ambos murieron juntos y abrazados.