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Iniciar un exhaustivo análisis de un referente muy lamentable como es la pérdida de vidas a causa de la violencia armada, es alarmante, cuya autoría viene de jóvenes estudiantes de escuelas, en particular, que continúan llenando casi todos los titulares de los medios de comunicación en el mundo; y en particular, desde donde se desprenden estos hechos sangrientos que son de mayor connotación en los Estados Unidos de América.

Preocupa e inestabiliza a toda sociedad?,claro que sí, e indudablemente, nos está convirtiendo en una acumulación estresada que cada día perjudica la salud de los habitantes de cualquier latitud hemisférica.

Llevar a nuestros hijos a la escuela o despedirlos cuando toman el bus escolar, resulta en la actualidad un viacrusis. Nos atrevemos a pensar que existe una inseguridad personal para ellos, porque con los antecedentes delictivos ningún padre de familia puede estar seguros que a sus hijos nada les sucedería.

Esa pregunta, ningún psicólogo sería capaz de responderla, tanto porque él mismo como padre de familia está dentro de esa interrogativa psicológica.Nadie puede predecir en estos momentos que a nuestros hijos que van a las escuelas tienen la vida asegurada; ni muchos menos los profesores o guardias de seguridad!!!.

A esta violencia en las escuelas, se le quiere dar un trato de responsabilidad educativa; es decir, que profesores del sistema escolar tengan que tener que cuidar a sus alumnos con armas.Que ya su misión de educar pedagógicamente cambiaría a la de protección policial?. Ese no es el papel de un maestro o profesor en una escuela, universidad o de cualquier plantel dentro del sistema educativo.

Nuestro punto de vista, tiene un cuidado supremamente analítico, porque no desea que esté ceñido a un sentido de que la educación es un servicio público sino un derecho ciudadano, y como tal, tiene que reunir todas las características de la seguridad individual o colectiva de las personas e instituciones sociales.

El sistema educativo estadounidense, no ha llegado a acoplar el género cultural de su sociedad.Existen vacíos constitucionales que hacen que éstos alimenten las equivocaciones de estas fallas y que comprometen seriamente el comportamiento del educando(estudiantado) y que bastaría solamente preguntarse: cómo nos dirigimos para enseñar y encaminar hacia el desarrollo intelectual de las facultades del niño, para enseñar Moral ,Urbanidad y cortesía.

Esas materias muy esenciales en la educación, no las provee el sistema educativo en este país, porque su manual lo hace con una base de la tecnología, que por cierto no es malo, pero no aplicable para los niños que inician una vida en la enseñanza con maestros y profesores, especialmente con niños que nacen o vienen de otra cultura.

Para la violencia estandarizada con estudiantes que están sometidos a las leyes por sus delitos, es muy lamentable, porque trazaron un destino distinto a lo que la sociedad y el Estado les pudo haber dado.Y para aquellos jóvenes que siendo o no estudiantes de escuelas o universidades, particularmente, tienen un camino de grandes oportunidades para profesionalizarse y responder a las características ciudadanas y de su familia con honor y dignidad, cuyo victorioso triunfador es ese niño que llegó a ser adolescente para luego ser ciudadano que honrará al país que nació, pero con honores ,en donde las puertas se abren por haber crecido con ideales, y en donde la violencia fue cambiada con la mejor arma de su preparación académica y profesional.

Ratificamos nuestro punto de vista, respetando el criterio de los demás; porque responsabilizar a maestros y profesores por la vida de estudiantes, es como responsabilizar a los padres de familia por la vida de los policías, cuando acuden a dar protección y seguridad ciudadana en sitios públicos o privados. Indudablemente, hay que encontrar soluciones que definan una seguridad en los planteles educativos. Sabemos que es incómoda la medida de instalar detectores de metal en entradas de escuelas, pero éstos no carecen de peligro para nadie como tener a un profesor con un arma de fuego frente a su alumno ,sin saber cuál sería la reacción de aquel estudiante.