Washington.- El gobierno de Donald Trump anunció una reducción drástica en las tasas de aprobación de asilo, las cuales han caído a un mínimo histórico del 7%.
En un comunicado de la Casa Blanca, destacó que este desplome marca un cambio radical frente a la gestión anterior, donde más del 50% de las solicitudes eran aprobadas.
De la misma manera, el gobierno aseguró que este ajuste pone fin a lo que denomina el «sello automático» de solicitudes del pasado, priorizando una aplicación rigurosa de la ley para garantizar que el sistema no sea utilizado como una vía de entrada irregular, sino como un recurso estrictamente limitado.
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Aumentaron las expulsiones migratorias
Por otro lado, detallaron que como parte de esta estrategia de control total, el sistema judicial migratorio está operando con una agresividad sin precedentes. En el año fiscal 2025, las órdenes de remoción emitidas por los tribunales aumentaron un 57%, alcanzando casi 500.000 decretos de expulsión.
Acotaron que este incremento responde a una directiva clara de acelerar la salida de extranjeros, con especial énfasis en aquellos con antecedentes penales, asegurando que quienes no califiquen para el asilo bajo los nuevos estándares sean procesados y deportados de manera inmediata.
Para sostener este ritmo, la Casa Blanca ha implementado un plan de choque contra el rezago en las cortes de inmigración. Cientos de miles de casos estancados han sido resueltos desde el inicio del mandato, con el objetivo de eliminar las esperas de años que permitían a los inmigrantes permanecer en territorio estadounidense de forma indefinida.
De la misma manera, destacaron que al acelerar estas resoluciones, el gobierno busca cerrar los vacíos legales que fomentaban la migración masiva y restaurar la autoridad del poder judicial frente al activismo que, según la administración, imperaba anteriormente.
En este sentido, los resultados generales de esta política de «fuerza implacable» indican que más de tres millones de personas han abandonado el país en este segundo mandato, marcando la reducción más significativa de la inmigración ilegal en la historia moderna.
Por último, la administración celebró un hito de 11 meses consecutivos sin liberar a un solo individuo en la frontera, declarando oficialmente el fin de la era de «catch-and-release» y reafirmando su compromiso con la seguridad nacional y la soberanía de las fronteras de los Estados Unidos.
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