Parasitismo político regional

El mundo político está girando igual que la Tierra lo hace en el universo; a diferencia de que durante siglos rota con distintos componentes, pero con una camisa de fuerza que no hemos logrado los seres humanos superar; con su connotación de sobrevivir adherida a su misma formación como especie humana, que la integró a su mundo social y político.

Sin embargo, la ciencia política ha servido para enfocar que el mundo en sí no es de una sola persona, ni de grupos, ni de ideologías, sino de todos en el tránsito de la vida. Para esta circunstancia, la contemporaneidad o las épocas de la sociedad han trascendido por siglos, formando personas para alcanzar un nivel de vida que el ser humano tiene derecho como materia multiplicadora y, como tal, en el esfuerzo por vivir algo que le pertenece: su tierra y su mundo.

Todo componente filosófico dentro del contexto social con el que actúa la ciencia política ha formado idealistas y líderes buscando la igualdad humana de una sociedad; pero no fue así. Lo que en el transcurso de los siglos hemos cosechado son frutos de desigualdad humana, porque hemos contaminado nuestras células sociales, inyectando un parasitismo político para imponer la prepotencia, que no se consulta en el campo de una robusta y completa democracia con la libertad que siempre reclama el hombre en la sociedad.

Bases de la sociedad se han perdido

Las bases de una sociedad se han perdido en gran magnitud y su narrativa no alcanza a satisfacer el encargo que hace una sociedad para obtener igualdad y respeto a los derechos humanos, cuyas aristas solo reflejan que en nuestras sociedades hemos construido un gigante de corrupción que se ha institucionalizado en los poderes de un Estado.

El arrastre con el que se ha desgastado la sociedad en materia política, ha seguido su curso para que muchos países en Latinoamérica se hayan contaminado con un populismo clientelista, con políticos que se ensayaron como una gran obra del cine moderno, con un guión ideológico que se redactó para terminarlo en un rentable negocio; que la indefensa ignorancia de fanáticos le puso coronas para endiosarlos y enriquecerlos, hasta colocarles un título como caudillos de la política, que terminan siendo partidos políticos rentable.

Y América Latina no es la excepción. La corrupción no es cosa nueva, pero sí ha tomado más poder en las instituciones Parasitismo político regional estatales, porque no llegó sola: llegó acompañada de grupos de poder y de mafias del narcotráfico.

Alineados para combatir el narcotráfico

Muchos países en la región latinoamericana, se han alineado para combatir el mayor desgaste humano en una sociedad. ¡Y eso está bien! Lo que no está bien es saber por qué los países productores de drogas no están, citando a Colombia, Perú, Bolivia y México. Estos países, con sus gobiernos, son productores de la materia prima, la droga, la que sirve para inyectar a cada ser humano un parasitismo político regional.

Lo más grave que tienen los pueblos en Latinoamérica, es que políticos corruptos de nuestra región sacan pecho por obras que han hecho, pero con dinero del mandante y soberano pueblo. No así, todavía los electores caminan con un credo de conformidad. Aún aquellos grupos marginados que dan el voto a políticos corruptos los analizan con la frase de “sí, este político robó, pero hizo obras”. Es decir, la ignorancia hermanada con la corrupción justifica el robo de los corruptos. Hay una sola respuesta: “somos malos ciudadanos o también nos gusta la inmoralidad política”, porque estas se han incrustado en los tejidos de la sociedad y constituyen en la política latinoamericana un parasitismo político regional hacia el más noble principio elemental de la dignidad del hombre y su sociedad.

Seguramente, a los políticos deshonestos no les gusta esta realidad. La verdad es el arma de la gente honesta. Con la mentira siempre atacan y roban y, con la traición, los miserables que le han robado el destino a los mandantes en sus naciones; a sabiendas de que la política es la única ciencia que usan como profesión para mentir, engañar y robar, acompañada de un cinismo que creen ellos que, aun así, serían respetados.

Obras con sobreprecio

Los corruptos políticos que se encuentran en varios países de la región de Latinoamérica lanzan obras con sobreprecio y mala calidad a sus mandantes, pero son carnadas en anzuelos para que el mandante les crea que es un honesto representante que está administrando bien el dinero del pueblo. No, no es verdad. Lo que ellos persiguen siempre es el voto ciudadano. Ahí está la clave, porque ellos (los corruptos) ponen de frente sus órbitas para pasar de honrados señores. Haciendo raras excepciones, en Latinoamérica, los políticos corruptos negocian con la ignorancia de los pueblos. No somos ingenuos; también sabemos a quiénes les damos nuestra confianza para que nos gobiernen, y eso también se llama parasitismo político y corrupción.

Lo que sí debemos recordar es que a los políticos y los pañales se les tiene que cambiar a menudo por la misma razón, como así lo dijo el filósofo Mark Twain. Y, prohibido olvidar, que con este parasitismo político regional en Latinoamérica, los malos políticos que obtienen representación ciudadana están acompañados por una injusticia muy peligrosa, que está acompañada por la ley, porque cuando el poder la firma queda sin defensa (Montesquieu). Y, agregaríamos además lo que sostuvo Einstein: “Tres fuerzas gobiernan al mundo: la estupidez, el miedo y la avaricia

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