El tiempo es para unirnos

De acuerdo a la Oficina del Censo 2020 de los Estados Unidos de América, su población hasta el 1 de abril 2020, era de 331.449,281 millones. De esta población, los hispanos sobrepasan los 67 millones, constituyéndose en el primer grupo étnico de las minorías; o sea, los hispanos es la mayoría más grande de las minorías y, su poder sociopolítico, está sobre otras en ese escalafón que viven en territorio estadounidense.

Y, de acuerdo con el Título 2 del Código de los Estados Unidos, se aplica una fórmula definida a la población de la distribución proporcional para asignar a los estados los 435 escaños de la Cámara de Representantes de los EE.UU.

Elegir y se elegido
Lo más importante de la población hispana que reside en territorio estadounidense, está en estos momentos en preguntarse; por qué esta comunidad no usa más ese poder sociopolítico, para elegir y ser elegido en elecciones secciónales estatales y federal?. Porque muchos, además, de estar registrados para votar, no hace uso de ese derecho constitucional?. Se estaría consumando un conformismo al no darle importancia ?. Cualquiera que sea esta actuación, estaría haciendo daño a cada familia y que afecta más a los que no tienen este poder político como inmigrante de origen hispano; porque ya han formado sus familias y dejan sus vidas a corto o largo plazo en este país.

Ahora, de reflejar la importancia, numéricamente, la población de habla hispana inmigrante, en cada una de estas familias, es porque esta actitud nos invita a considerarla muy seria, porque, siendo como es la comunidad hispana la mayoría en las minorías, no han sistematizado lograr una unificación para enfrentarse a los retos de los problemas sociales, políticos, económicos, salud, educación, vivienda, transporte y hasta en seguridad pública.

El comportamiento de importantes figuras de origen hispano, no está reflejado en una verdadera consolidación comunitaria. Cada quien jala agua para su molino y no entramos con un ordenamiento de nuestra rica cultural que poseemos. Estamos dejando atrás nuestros valores y nuestras raíces. Se está fraguando un abandono en la defensa de nuestros derechos ciudadanos, que terminan favoreciendo a otros que no necesitan.

Estamos endosando nuestras fuerzas políticas y ciudadanas, en detrimento de nuestros derechos y necesidades. Si somos fuertes, demostremos nuestra valentía política, sin hacer política ideológica, sino ejerciendo lo que por ley constitucional estadounidense nos corresponde.

No demostremos que somos más sino mejores y capaces, porque al final los números pueden o no cambiar. No actuemos como actores de cine sino como autores con señales de capacidad social y cultural; porque de lo contrario, eso nos deteriora y termina desdibujándose nuestra propia imagen cultural de nuestra personalidad, porque al final, perdemos hasta nuestro sagrado y mutuo respeto.

Es la hora de actuar y estar unidos. Recuperemos ese tiempo perdido y aprovechemos haciendo gala de lo que en otro momento hemos conquistado. Miremos hacia adelante sin olvidar nuestra historia, por la que nuestra Herencia Hispana nos toca ser valientes y unidos, porque en cada palabra materializada que dejaron nuestros antepasados, se escribieron capítulos honrosos que son los que nos identifica como una sociedad que sigue aportando al desarrollo general de cada nación y continente del mundo en el que somos migrantes.

La única guerra social que debe tratarse en una sociedad, es la sabiduría intelectual, porque contiene profundas raíces al respeto y honestidad.Y, si tenemos que debatir, que sea en el campo de la intelectualidad, como fecunda de su creación, no hay otra, porque contiene el instinto de su formación humana.

Es el tiempo de permanecer unidos, porque todo lo que procuremos hacer, será para las nuevas generaciones. El honor es de todos, porque como inmigrantes somos parte de esos 67 millones y más de hispanos que poblamos la Unión Americana. Sin olvidarnos, que primero somos de la Hispanoamérica, de la América que descubrió Cristobal Colón desde el 12 de octubre de 1492 y después, de cada país en el que nacimos, sin divisiones ni olvidos, porque esa no es la tesis de grado que dimos para estar todos en la universidad de la vida.

No hay tiempo que perder y el momento es hoy, porque nada se justifica en quedaros con los brazos abiertos. Nuestra voz como inmigrante en esta nación, no solo está en aquellos que lograron el sueño americano, está más allá de lo que pensamos; está en millones de familias que adoptaron este país como propio.Está en los que dejaron sus vidas y sus cuerpos inertes enterrados, o en cofres con sus cenizas, Está para los que quedaron con vidas, Está para los que siguen escribiendo esta historia migratoria haciendo más grande esta nación; sin ellos, imposible; porque que la historia no se ha escrito para los cobardes sino de los valientes y soñadores.

Como migrantes, existe una meta que siempre hay que cumplirla. Sin metas no hay dónde llegar. Solo la perseverancia es la única firmeza que nos da nuestra propia credibilidad por lo que hacemos. Nuestra capacidad, es la que nos hace creer por y para lo que nos proponemos. Si creemos en lo que hacemos, llegamos lejos y triunfamos junto a otros.Tengamos resiliencia que es la que nos brinda capacidad para adaptarnos a lo que nos proponemos.Y, en esta ocasión, no solo seamos fuertes sino valientes con inteligencia, que es la que poseemos para estar en este tiempo que nos invita a vivirlo para estar unidos.

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