Roxana Álvarez, es una venezolana oriunda de Barquisimeto que llegó a Estados Unidos en mayo de 2018 junto a su esposo, impulsada por la situación política de Venezuela y por el deseo de construir un futuro en libertad.
Charlotte, Carolina del Norte, fue la ciudad que la recibió. Desde el primer momento sintió una conexión especial con la Ciudad Reina y decidió convertirla en su nuevo hogar.
Roxana es abogada de profesión y en Venezuela ejercía en el área judicial laboral. Sin embargo, emigrar significó comenzar de nuevo, dejando atrás años de experiencia para enfrentarse a una realidad completamente diferente.
«Dentro de mí había una lucecita que me decía que algo bueno iba a pasar», recuerda.
Aunque confiesa que hubo momentos en los que dudó de sí misma, siempre contó con el apoyo incondicional de su esposo, a quien describe como su «cable a tierra». Fue él quien la motivó constantemente a seguir preparándose, enviándole información sobre cursos y herramientas que la acercaran nuevamente a su profesión.
Empezar desde abajo
Como muchos migrantes, Roxana aceptó el primer empleo que encontró. Comenzó trabajando en housekeeping, una labor físicamente exigente que asumió con gratitud.
«Salía cansada, pero trabajaba con un propósito. Necesitaba salir adelante», expresó.
Además de ser abogada, también es chef. Gracias a esa experiencia logró convertirse en chef de línea en un hotel de Charlotte. Sin embargo, la llegada de la pandemia volvió a cambiar el rumbo de su vida y la llevó a reinventarse una vez más.
Antes de establecerse en Estados Unidos, vivió junto a su familia una experiencia en Uruguay. No obstante, sus hijas fueron víctimas de actos de xenofobia, una situación que los llevó a entender que ese no era el lugar donde querían quedarse.
Un sueño que sigue tomando forma
Lejos de abandonar su meta, Roxana continuó preparándose académicamente. En mayo de 2026 obtuvo su título de maestría y comenzó el proceso para cumplir uno de sus mayores sueños: ejercer como abogada en Estados Unidos.
Está convencida de que, una vez complete los requisitos necesarios, podrá brindar un apoyo aún mayor a la comunidad migrante.
Desde hace casi seis años trabaja en el área migratoria a través de su propia empresa, donde acompaña a personas y familias durante sus procesos migratorios.

Venezuela siempre presente
Aunque ha construido una nueva vida en Estados Unidos, Roxana asegura que una parte de su corazón permanece en Venezuela. Extraña especialmente a su hija mayor, quien culminó su carrera de Psicología, un logro que celebra con orgullo a pesar de la distancia.
Roxana asegura que cada paso de su historia le ha enseñado que los sueños no tienen fecha de vencimiento.
«Sí se puede. Lo que te mueve es el propósito. Si tienes un propósito y trabajas por él, lo vas a lograr».
Al recordar el día en que recibió su título de maestría, aún se emociona.
«Cuando estaba sobre esa tarima pensé que ni en mis mejores sueños imaginé vivir ese momento. Y aquí estoy… lo hice realidad«.

Gracias, Roxana, por compartir tu experiencia tras emigrar.
Me despido hasta la próxima historia.