El sabor nicaragüense detrás del sueño de Adriana García

Adriana García es originaria de Nicaragua y llegó a los Estados Unidos en junio de 2014. Su determinación la trajo a este país y sus ganas de cumplir sus sueños la llevaron a reinventarse a través de la gastronomía.

Decidió emigrar no por necesidad económica, en su país trabajaba en la empresa de transporte de su familia y anhelaba construir su propia vida y emprender un proyecto personal.

Cuando llegó, con su maleta llena de sueños, le tocó, como a muchos inmigrantes, empezar desde abajo: trabajando en limpieza y cuidando niños. En ese momento estaba embarazada de su primer hijo.

«Yo quería estar en Estados Unidos y sabía que vivir aquí requería esfuerzo, trabajo y disciplina», recuerda.

Más adelante también trabajó en el área de la construcción en Carolina del Norte junto a su actual esposo, quien le enseñó sobre la remodelación de casas. Era un mundo completamente nuevo para ella, pero le gustaba aprender y siempre se esforzaba por hacer bien cada tarea.

Pero si hay algo que siempre le ha apasionado a Adriana es la cocina. Con frecuencia invitaba a amigos y conocidos a comer, y muchas veces preparaba almuerzos o cenas para los trabajadores. Fue entonces cuando varias personas comenzaron a sugerirle que iniciara un negocio para vender su comida.

Atreverse por un sueño

Al principio tenía dudas. Su esposo incluso le decía que en Charlotte, Carolina del Norte, no había muchos nicaragüenses y que tal vez no habría suficiente interés por su gastronomía.

Sin embargo, Adriana pensaba diferente.

Si a la comunidad estadounidense le gusta probar otras cocinas, como la mexicana o la italiana, ¿por qué no intentar compartir también la comida de Nicaragua?

Nace Adriana’s Kitchen

Así nació Adriana’s Kitchen, con la iniciativa de mostrar los sabores tradicionales y la sazón nicaragüense desde su propio rincón culinario, donde nos recibió para compartir su historia y donde además pudimos disfrutar de su delicioso plato llamado «gallo pinto».

Un día de enero, una tía la animó a empezar a vender comida. Sus primeros 100 dólares en ventas llegaron gracias al apoyo de su propia familia. Desde entonces el reto fue creciendo: cocinar para 50 o incluso 100 personas, algo muy distinto a cuando preparaba comida solo para unos pocos.

A pesar de los logros, Adriana reconoce que hay algo que siempre extraña profundamente: su familia en Nicaragua, especialmente a su abuela.

También añora el calor de su barrio, a sus vecinos, las celebraciones de cumpleaños y las reuniones familiares.

Mensaje a otros migrantes

Para otros migrantes que buscan abrirse camino en Estados Unidos, Adriana comparte un mensaje claro:

«Siempre he tenido algo en mente: el cielo es el límite. Lo que uno se propone lo puede lograr. Cuando Dios te pone una prueba es porque algo bueno vendrá después. Uno puede salir adelante, aunque haya muchos obstáculos, incluso cuando toca lidiar con la propia mente y los pensamientos negativos. Rendirse no es una opción».

Gracias, Adriana, por abrirnos las puertas de tu hermoso rincón. Te deseamos mucho éxito y que sigas aportando y contribuyendo a la economía de un país que te abrió las puertas, mientras deleitas el paladar de muchos con tu gastronomía.

Me despido, hasta la próxima historia,

Adriana Henriquez

@migrantesenvuelo

Artículos Relacionados

164,161FansMe gusta
21,483SeguidoresSeguir
2,607SeguidoresSeguir
38,300SeguidoresSeguir
745SeguidoresSeguir
11,113SuscriptoresSuscribirte