Para encontrar el mayor contenido que generamos como ciudadanos,
necesitaríamos abrir un libro de muchas páginas, para conocer nuestras vivencias y
hacer un balance de los impactos más negativos y positivos que hemos resistido.
Sin embargo, las secuencias no se miden por circunstancias sino por hechos reales
que seguimos afrontando para tener una vida llena de paz y calor humano, de la que
estamos huérfanos de esa virtud divina, a la que no merece desafiarla sino poseerla
con fuerza y unidad.
La humanidad continúa cruzando episodios de desgaste social, atribuida
a un comportamiento contrario a lo que el ser humano persigue y desafía;
desafortunadamente dentro de una atmósfera contaminada, porque su
inconformidad lo lleva para conseguir poder, aceptando destruirse él mismo por
ambición desmedida.
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Atropellando seres humanos
Los impactos más desagradables, por el contexto de humillación en el tema
migratorio de estos últimos años, continúan en la resistencia miles de familias;
especialmente a la mayoría de las minorías, la de habla hispana, sigue siendo
a consecuencia de la política del poder ejecutivo, porque con la aplanadora de la
Patrulla Fronteriza, sigue atropellando seres humanos, en su mayoría, muy, pero
muy inocentes, que han sido lanzados al suelo para luego ser pisoteados y deportados
a países que no eran en los que ellos nacieron. Les violaron sus derechos que protege
la IV y V Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América.
Estamos plenamente convencidos que el presidente Trump desconoce la filosofía
de la plena libertad del ciudadano y, si la conoce, impera su capricho con soberbia,
que lo aparta de la realidad del consciente humano, porque muchas de sus tantas
actuaciones continúan violándose derechos constitucionales.
Sin embargo, el mandatario estadounidense niega con su acostumbrada narrativa
sus raíces, que es otro inmigrante más, al igual que los que llegaron a esta nación de
forma irregular. Esa negativa como ciudadano estadounidense inmigrante la tiene en
su propia balanza que mide hoy desde su aprobación ciudadana.
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Bajó el respaldo de hispanos
Esta situación del grado de aceptación presidencial de los ciudadanos
estadounidenses hacia el presidente Trump, no es el mismo que tenía al inicio de su
segundo mandato; porque, a pesar del apoyo de votantes hispanos con un 46% que
obtuvo en su última elección (Censo 2020), la actualidad política de respaldo hacia
él carece actualmente de mayoría absoluta.
El desafío por el que atraviesa la comunidad inmigrante de habla hispana no solo
va por su estatus migratorio, va porque no tiene claras y definidas sus políticas como
la salud, economía, vivienda y educación, que también no solo afecta a la hispanidad
sino a todo ciudadano que vive en territorio estadounidense.
Las cartas están echadas en un tablero de la resistencia mediante una sola consigna,
para no dar ni un paso atrás y convocarnos a permanecer fuertes y unidos, porque
un periodo de gobierno presidencial en la Casa Blanca solo dura cuatro años, que
en esta ocasión no hay posibilidad constitucional para que haya un tercer periodo
presidencial con el mismo presidente; como lo ordena la Constitución de los EE.
UU., y que lo establece el Art. II, en su Sección 1 de su carta magna.
«Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos»
Existe una promulgación amplia y legal, que no la inventó el señor Donald J.
Trump, ni otro ciudadano, sino los fundadores de esta gran nación, al establecerse la
Constitución para los Estados Unidos de América, que expresa: “Nosotros, el Pueblo
de los Estados Unidos, a fin de fomentar una Unión más perfecta, establecer la
justicia, garantizar la tranquilidad nacional, atender a la defensa común, fomentar el
bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros y para nuestra
posteridad”. Esta promulgación constitucional nos autoriza como inmigrantes a
permanecer fuertes y unidos, por supuesto, dentro del marco del respeto a las leyes
que ordena su recopilación constitucional.