Maribel Hastings/Asesora de America’s Voice
Es difícil creer que el presidente Donald Trump apenas cumplió este 20 de enero el primer año de su segunda administración porque su efecto ha sido tan devastador en tantos frentes, globales y domésticos, que parece que han transcurrido años. Y lo que falta.
Los inmigrantes se han llevado la peor parte de una guerra sin cuartel que es un monstruo de varias cabezas que nos ataca a todos de una forma u otra. Porque los inmigrantes no operan en un vacío. Son parte de familias, comunidades, la economía, y todo se ha visto adversamente afectado.
Lo que comenzó como una campaña de detenciones y deportaciones supuestamente de “criminales”, se tornó en una amplia red de terror sustentada en el uso ilegítimo de perfiles raciales que se lleva por delante a residentes autorizados y a ciudadanos estadunidenses forzados a llevar consigo pasaportes para probar su ciudadanía y ni eso los ha salvado de ser abusados por agentes migratorios. Se violentan el debido proceso de ley, el estado de derecho y la Constitución.
En este primer año Trump sentó las bases de una peligrosa militarización de ciudades y estados dirigidos por demócratas desplegando guardias nacionales para asistir a agentes de ICE y de CBP, enmascarados y en autos sin identificar, que abusan de su autoridad tornándose cada vez más violentos al grado de matar a tiros a una ciudadana estadounidense, Renee Nicole Good, en Minneapolis. Ninguna de las ciudades sitiadas solicitó asistencia del gobierno federal.
Es una estrategia de provocación donde el propio gobierno federal promueve el caos para generar violencia que justifique invocar medidas extremas como la Ley de Insurrección que le permite al presidente desplegar el Ejército a nivel doméstico. Trump lleva tiempo amenazando a ciudades como Minneapolis con la Ley de Insurrección.
Con sus bajos índices de popularidad y la posibilidad de perder el control de la Cámara Baja y potencialmente del Senado en las elecciones intermedias, no se descarta que Trump trate incluso de decretar la ley marcial cuando las Fuerzas Armadas asumen el control de una zona específica o de todo el país y se suspenden todas las leyes y los derechos civiles, incluidas las elecciones.
En materia migratoria, Trump se ha valido mayormente de órdenes ejecutivas para sustentar cambios que buscan reducir e incluso eliminar los mecanismos para inmigrar o permanecer legalmente en Estados Unidos, desde el asilo y el refugio, hasta programas como el TPS, el parole humanitario y la concesión de visas de inmigrantes, visas de trabajo y otros. Ha deslegalizado a millones de inmigrantes para hacerlos vulnerables a la deportación.
“El Instituto de Política Migratoria (MPI) estima que la administración Trump, en el primer año de su segundo mandato, tomó más de 500 medidas en materia de inmigración, superando las 472 medidas tomadas durante los cuatro años del primer mandato de Trump”, concluye un análisis del MPI.
Aparte de deslegalizar a millones de inmigrantes que tenían protección de deportación, permisos de trabajo y pagaban impuestos, también ha impedido que otros millones puedan ajustar su estatus. Ha cancelado ceremonias de naturalización.
Ha deportado a 622,000 inmigrantes, algunos a países con los cuales no tienen ningún vínculo. Todavía no llegan al millón de deportados al año como se han impuesto. Otros se han autodeportado. La cifra de detenidos ronda los 73,000, la más alta en 25 años. Y la mayor parte no tiene historial criminal.
Aunque algunas medidas han sido frenadas en tribunales de menor instancia, la Corte Suprema ha sido más favorable hacia Trump. Uno de los casos pendientes más esperados es el de eliminar la ciudadanía por derecho de nacimiento a bebés de padres indocumentados.
En un solo año la política migratoria de Trump ha causado daños devastadores no solo a las familias separadas sino a las comunidades que sufren el embate y la economía que se ve afectada por la reducción de trabajadores y de consumidores que paguen impuestos y auspicien negocios. La seguridad pública sufre por el desvío de fondos y personal a labores migratorias.
“Es innegable que el primer año de Trump 2.0 ha traído consigo algunos de los cambios más profundos en la política de inmigración de la historia moderna, y la administración tiene tres años por delante para profundizar su impacto. Queda por ver si estos cambios representarán un desvío temporal o un cambio fundamental en el futuro del país”, concluyó el análisis del MPI.
La interrogante y la preocupación es qué sigue. Cuando se toca fondo la alternativa es subir. Un cambio de mando en el Congreso podría servir de contrapeso al asalto de Trump sentando las bases para reformas migratorias que por décadas ambos partidos evadieron, algo que ahora muchos lamentan.