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Ciudad de México – México.- Los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México finalmente firmaron un tratado de libre comercio (TMEC) entre las naciones. Para la economía mexicana, pese a que el acuerdo contempla una serie de condiciones, principalmente en el tema laboral, representa un respiro importante.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien cedió a buena parte de las peticiones realizadas por Estados Unidos, busca  con el tratado resucitar la economía del país azteca que durante todo el año mantuvo una poderosa recesión.

La firma que involucra a Canadá, México y EE.UU, también beneficia a Donald Trump, quien puede verla como una victoria ante los demócratas, debido a que hace más de dos años pidió la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y tuvo razón al hacerlo.

A pocas horas de que inicie el de Navidad en el Congreso y a unas semanas de que arranque la carrera por la presidencia norteamericana, ocurrirá la ratificación del TMEC en EE UU. De no haber llegado al acuerdo tras aceptar las nuevas condiciones, el tratado habría tenido que esperar mínimo un año más para su aprobación, lo que para México y su economía hubiese sido una muy mala noticia.

“Hemos conseguido el mejor acuerdo comercial de la historia”, ha presumido el representante de Comercio de EE UU, Robert Lighthizer, durante la firma.

Aunque el tratado se ve como un salvavidas para que López Obrador no pierda totalmente su economía, en la cual según los últimos datos  el PIB cayó un 0,1% en el primer semestre del año , los empresarios critican el acuerdo y la escala que el gobierno cedió en las peticiones.

“Me parece que ha quedado claro que este Gobierno ha sido un mal negociador, hay un claro retroceso en la negociación que se había tenido. Se traspasaron muchos de los límites donde están los intereses del país”, ha dicho Gustavo de Hoyos, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex).

El TMEC además de expandir una región libre de aranceles, profundiza la nueva realidad económica y añade reglas para el comercio electrónico, servicios financieros y propiedad intelectual. El acuerdo se trabajó por más de dos años y atravesó procesos electorales en los tres países, expertos aseguran que fue realmente “tormentoso”.