lunes, junio 27, 2022

Presidenta de Brasil con un pie fuera del palacio

Brasilia.- La oposición brasileña necesitaba los votos de 342 diputados para colocar a Dilma Rousseff con un pie fuera del palacio de Planalto.  Al final fueron 367, contra sólo 136 que se mantuvieron fieles a la todavía presidenta. El abrumador resultado despeja el camino para el proceso de impugnación (impeachment), aunque no significa que el mayor país de América Latina tenga un nuevo Gobierno de la noche a la mañana ni que la gigantesca crisis vaya a resolverse a corto plazo.

A continuación, algunas claves de lo que puede ocurrir a raíz de la decisión adoptada el domingo en el pleno de la Cámara de los Diputados.

¿Dilma ya ha sido destituida? Formalmente, no. Lo que ha sucedido es que más de dos tercios de los diputados han aprobado enviar el proceso al Senado para que se abra allí un juicio político contra la presidenta, de 68 años.

A falta de pruebas concluyentes sobre su participación en los escándalos de corrupción, sus adversarios la acusan de autorizar maniobras fiscales para esconder el agujero en las cuentas públicas. También es cierto que la gran mayoría de los diputados ni siquiera mencionó ese asunto en sus intervenciones para justificar los votos del ‘sí’ al impeachment.

Una vez superado el trámite en la Cámara, ahora el Senado abordará el debate en dos fases. Primero deberá decidir sobre la “admisibilidad” del proceso, es decir, si la impugnación del mandato sigue su curso. Aunque todavía no hay una fecha fijada para esa votación, se calcula que podría producirse a principios de mayo.

En el caso bastante probable de que una mayoría simple de senadores estuviera de acuerdo, la presidenta sería apartada de sus funciones de forma temporal y por un plazo máximo de 180 días, a la espera de un veredicto definitivo.

Ocuparía su lugar el actual vicepresidente, Michel Temer, un veterano negociador parlamentario de 75 años que, pese a su carácter reservado, en los últimos tiempos ha dado señales de querer asumir el poder lo más rápido posible. Tanto que, unos días antes de la votación en la Cámara, dejó escapar un mensaje de audio a travéz de WhatsApp en el que hacía un “pronunciamiento a la nación” como si ya estuviera a punto de tomar las riendas del país.

Durante el periodo transitorio, Rousseff vería reducido su salario a la mitad, aunque tendría derecho a seguir viviendo en el Palacio de la Alvorada, su residencia oficial en Brasilia. Precisamente esa circunstancia ha llevado a algunos de sus aliados a imaginar ese edificio como una especie de búnker: desde allí resistirían a lo que consideran un “golpe” contra la legitimidad democrática conquistada en las elecciones de 2014 y plantarían cara al juicio político.

“La presidenta no se abatirá ni dejará de luchar”, proclamó tras la votación del domingo José Eduardo Cardozo, abogado general de la Unión y uno de los ministros más próximos a la gobernante en apuros.

En cualquier caso, a día de hoy parece probable que el impeachment también acabe alcanzando los dos tercios necesarios en el Senado. De sus 81 miembros, al menos 46 o 47 ya se han declarado a favor de destituir a Dilma y apenas 19 o 20 resisten del lado de la exguerrillera. Los indecisos inclinarán la balanza.

“Las opciones de Rousseff para resistir al impeachment son escasas”, advierte Stratfor, consultora estadounidense especializada en inteligencia geopolítica. Entre las posibilidades, volver a recurrir al Supremo Tribunal Federal (STF) o lanzar una tardía propuesta de convocatoria de elecciones anticipadas, iniciativa que tendría que ser negociada con los partidos en el Congreso.

Si el futuro de la presidenta parece negro, el de su vicepresidente tampoco brilla tanto como se esperaría de alguien que está a punto de llegar al poder. Nada más instalarse en su nuevo despacho en el Palacio de Planalto, Temer se vería obligado a poner en marcha medidas impopulares, como un ajuste fiscal considerado imprescindible para ordenar las cuentas públicas. Gobierne quien gobierne, la economía volverá a caer este año más de un 3%.

Temer y su Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) afrontarían el rechazo del Partido de los Trabajadores (PT), de los sindicatos y de los activistas que componen la base social del actual Ejecutivo. Así lo explica Igor Gielow, director de la sucursal en Brasilia del periódico Folha de S. Paulo: “Temer tendrá que lidiar no sólo con el espectro de Dilma y los previsibles movimientos que harán en las calles las tropas organizadas de izquierda. Tendrá un adversario mucho más formidable que enfrentar: Luiz Inácio Lula da Silva”.

En ese punto coincide el politólogo Fernando Schüler. “El impeachment no es un mal negocio para Lula. Se libra del Gobierno de Dilma, gana el discurso de víctima y surge como candidato de la oposición en 2018”, explica el profesor del centro universitario Insper de São Paulo, en referencia a los sondeos que muestran la impopularidad de la presidenta y el buen resultado que podría obtener su mentor si decidiera volver a presentarse a unas elecciones.

La más reciente de esas encuestas indica que el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silvase situaría entre los favoritos, empatado con su exministra ecologista Marina Silva, quien abandonó el PT hace años y ahora encabeza su propia formación, la Rede Sustentabilidade. Por detrás de ellos figuran los posibles aspirantes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), sea el senador Aécio Neves o el gobernador Geraldo Alckmin. Y en cuarta posición, Jair Bolsonaro, un diputado de extrema derecha que el domingo no tuvo reparos en elogiar el golpe militar de 1964.

Mientras el panorama del futuro sigue sin aclararse para Brasil, algunas heridas del pasado continúan reabiertas.

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