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Todos los días, afuera de la casa de transición del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, aparece el solitario automóvil blanco en el que viaja acompañado de sus choferes, Cuauhtémoc y Roberto Rojas. A veces con personal de su equipo, otras con su vocero César Yáñez, sus hijos o solo.

El equipo de atención ciudadana que encabeza Leticia Ramírez, conformado por cuatro mujeres y un hombre, apenas puede contener a la gente que se abalanza sobre el vehículo para entregarle en propia mano alguna petición o reclamo, para ofrecerle un regalo, tomarse una foto o simplemente saludarlo.

A la casa de transición de López Obrador, cualquiera puede llegar. Aquí no hay vallas de seguridad. Acaso, ahora, dos guardias que cuidan las puertas y una patrulla en la calle que intenta sobre todo agilizar el tránsito y cuidar la zona.

Hace tres semanas hubo un intento de robo de un camión, que terminó con la detención del asaltante en la misma esquina donde se encuentran las oficinas del presidente electo, en la calle de Coahuila de la colonia Roma, en la Ciudad de México.

El incidente ocurrió el sábado 11 de agosto, al final de su jornada de trabajo. Antes de subir a su auto, se acercó a la reja para saludar a la gente. Entonces irrumpió la voz de un hombre.

“¡El sábado es el día del señor, el sábado no se debe de trabajar, es un mandamiento! ¡Dios lo puede castigar a usted y a los mexicanos, pueden venir más sismos! ¡En el nombre de dios vengo a decirle!”

Un fanático religioso se coló hasta las puertas de la casa de transición.

López Obrador se retiró de la reja en silencio. Pero al salir en su auto, el hombre de nuevo intentó acercarse hasta que otro lo tomó por la espalda y lo derribó. No era parte del equipo de la casa de transición.

Dos días antes, en plena avenida 20 de Noviembre, una de las más transitadas del Centro Histórico, un indigente se acercó sin obstáculos hasta su auto para saludarlo.

Estos incidentes, acaso menores, revelaron la porosidad de su seguridad y de nuevo despertaron la discusión sobre la necesidad de protección para el próximo presidente de México, como un asunto de Estado. Incluso a pesar suyo, pues él ha decidido prescindir del servicio que tradicionalmente ha prestado a los presidentes el cuerpo militar del Estado Mayor Presidencial (EMP).

En su lugar anunció la integración de un equipo de 20 ayudantes –10 hombres y 10 mujeres– que lo “cuidarán” a partir del 16 de septiembre que comenzará otra gira por el país para agradecer el voto de los ciudadanos.

El más estricto requisito para formar parte de este cuerpo será contar con el grado de licenciatura, pues no manejarán armas.

“Serán 20 profesionales, abogados, médicos, ingenieros, que seguramente van a tomar un curso, una capacitación, pero no para el manejo de armas, sino para que haya protección mínima, para que faciliten las cosas”, dijo en la conferencia de prensa en la que anunció la integración de este equipo de ayudantes, como los ha llamado.

Al frente de este grupo nombró a un empresario restaurantero de nombre Daniel Asaf, quien a su vez ha sido colaborador cercano del próximo secretario de Turismo, Miguel Torruco.

Daniel Asaf será el coordinador de sus 20 “ayudantes”.

Este licenciado en relaciones internacionales por la Universidad Iberoamericana será el responsable de coordinar la “seguridad” de López Obrador, quien está convencido de que la gente, los ciudadnos y hasta los reporteros que lo acompañan cotidianamente lo protegerán

Me van a cuidad todos los mexicanos. Y también hablo de los soldados, porque también son pueblo”, dijo.

En riesgo, la seguridad de la institución presidencial

A los especialistas en tema de seguridad, la idea les parece algo más que mala. “Malísima”, dijo Alejandro Hope, quien desempeñó diversos cargos en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) –que por cierto también podría desaparecer–, entre 2008 y 2011.

Para Hope, prescindir del EMP no sólo vulnera la seguridad del presidente, sino de la presidencia como institución. “No son un equipo de guardaespaldas del presidente. El EMP está ahí para cuidar no al presidente, sino a la presidencia. Es un asunto institucional”, dijo.

Pero desde su campaña presidencial, López Obrador manifestó su decisión de relevar al EMP de su seguridad, y ya como triunfador de la elección ha sostenido que los miembros de este cuerpo militar se reintegrarán al Ejército.

A favor de esta decisión se han manifestado otros especialistas. Entre ellos Gabriel Regino, quien fue subsecretario de Seguridad Pública cuando López Obrador ocupó la jefatura del Gobierno de la Ciudad de México.

Regino consideró que el EMP es una subestructura integrada por más de 2.000 militares que están al margen de la fiscalización porque no dependen de nadie más que del presidente.

Regino, sin embargo, sí considera necesario un cuerpo de élite que se haga cargo de su seguridad, cuya presencia pueda pasar casi inadvertida, como quiere López Obrador y como sucedió durante su gobierno en la capital del país con las llamadas Gacelas, un grupo de mujeres encargadas de su seguridad.

Ex diputada local por el PRD, Polimnia Romana fue la jefa de ese grupo de Las Gacelas y ella también ha insistido en la necesidad de seguridad para López Obrador.

Recientemente relató que en alguna de sus giras de campaña hubo hombres armados que se deslizaban hasta él para tomarse una foto, posando con el arma en la cintura. Jamás intentaron hacerle daño, aseguró. “Pero antes era una promesa política sin el poder de Estado para meterse de lleno contra los criminales”.

Como jefe de Gobierno de la Ciudad de México, a su lado y detrás siempre estaban Las Gacelas.

El EMP acatará, pero…

La preocupación por la seguridad de López Obrador llegó incluso al Congreso de la Unión, donde legisladores de distintos partidos pidieron al presidente electo reconsiderar la decisión.

Se está poniendo en riesgo el buen caminar del Estado mexicano al dejar a su suerte la seguridad del presidente de la República“, dijo el legislador panista Jorge López Martín.

El propio EMP también reaccionó al respecto. El mes pasado, durante una tradicional carrera que cada año se organiza con los miembros y las familias de los militares que han cuidado a los presidentes mexicanos desde 1926, el jefe del EMP, Roberto Miranda, dijo que serán institucionales y acatarán lo que determine el presidente electo.

“Nos adaptamos siempre a las exigencias que se nos presentan y somos moldeables, podemos trabajar como se nos indique”, dijo el general. Pero defendió que ese cuerpo es una institución sólida, que se ha preparado durante décadas para proteger al jefe del Ejecutivo federal y, también, ha ayudado a darle estabilidad al país.

Mientras los días corren rumbo a la sucesión del poder, el próximo primero de diciembre, la incertidumbre sobre la protección presidencial crece, en un país donde la violencia acecha y se cobra todos los días la vida de 80 mexicanos, en promedio. Y a veces más.