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Los Angeles.- Las cadenas de tiendas 7-Eleven, están siendo visitadas por  el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés) ha lanzado hoy redadas en un centenar de establecimientos de dicha cadena, en una operación (la más importante de este tipo desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, según fuentes oficiales) para frenar la contratación de indocumentados por parte de empresas estadounidenses.

Al menos 21 personas han sido arrestadas como sospechosas de haber entrado de forma ilegal en el país, y podrían por tanto ser deportados, pero la operación iba dirigida principalmente contra los responsables de las tiendas, que podrían enfrentarse a multas e incluso a cargos criminales por su contratación.

El detonante ha sido una investigación iniciada hace cuatro años en una franquicia en Long Island (Nueva York). Pero las redadas lanzadas hoy son “las primeras de muchas”, según Derek Benner, alto directivo de ICE, y un “aviso de lo que está por venir” para los empleadores que contraten a indocumentados.

“Esto es lo que estamos preparando para este año, y , para empezar, va a haber cada vez más inspecciones a gran escala como ésta”, señaló Benner. “A partir de aquí, veremos si estos casos merecen un trato administrativo o una investigación criminal”, añadió. “no se va a limitar a grandes empresas o a una industria en particular, grande, mediana o pequeña, va a  incluir todo lo que veamos ahí fuera”, concluyó.

Meas de 8,600 en el país

7-Eleven es una compañía basada en Texas con más de 8.600 tiendas en todo el país. A finales de noviembre, una operación similar de ICE obligó a la panadera Cloverhill Bakery, con sede en Chicago, a prescindir de un tercio de su plantilla (800 trabajadores) que no pudieron demostrar estar de forma legal en el país.

Hasta ahora, este tipo de operaciones era poco frecuente por ser arduas y muy raramente terminar en condenas contra los empleadores (que se decían engañados por los inmigrantes o echaban la culpa a intermediarios).

El ex presidente George W. Bush apretó el cerco en los años finales de su Administración, con operaciones espectaculares como una redada en helicóptero contra una planta de procesamiento de carne en Iowa en 2008 que acabó con la detención de 400 personas.

Con Barack Obama como presidente, se dobló el número de inspecciones, hasta alcanzar más de 3.100 en 2013, imponiendo multas que, según sus responsables, podían ser menos espectaculares pero más efectivas a la hora de inyectar miedo a represalias a los empresarios.

Según Benner, Trump ha adoptado “su propia estratégica”, enfocándose en los empresarios (aunque deteniendo también a algunos trabajadores) porque son los que atraen a los inmigrantes indocumentados.