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Dirigir bien a todos los miembros de la familia es un asunto muy importante y no todo el mundo tiene las capacidades necesarias para ello. Hay que aprender a delegar. Y delegar bien es conseguir que todos en la empresa hagan su trabajo con gusto y responsabilidad. ¿Sabes qué hacer para delegar de manera eficiente y eficaz en casa?

• Para que todos en la casa puedan llevar a buen término y con gusto lo que les quieres confiar, tienes que empezar por tener tú mismo muy claro cuáles son tus competencias. Quizás tendrías que preguntarte si dedicas tu tiempo a cosas necesarias o por el contrario haces muchas cosas, pero no las tendrías que hacer.

• Piensa si delegas con confianza los asuntos o más bien te dedicas, por falta de paciencia, a acabarlos tú mismo, desmotivando y frustrando a la persona a la que habías destinado la tarea. Es una manera poco inteligente de aprovechar los talentos de los demás y la mejor manera de quedarse sin tiempo para hacer las cosas que solo uno puede hacer.

• Para delegar bien hay que atreverse a confiar. Esto significa que después de poner una tarea en las manos de otro, su realización hay que dejarla completamente en sus manos. El dar la oportunidad al otro de equivocarse o de hacer faltas es un ingrediente imprescindible de la confianza y muchas veces la única manera de aprender a hacer algo.

• Ofrece a la persona la posibilidad de adquirir responsabilidades y facilítale los medios necesarios para su realización. Cuesta tiempo y energía explicar con claridad lo que se espera del otro y también cuesta tiempo y energía enseñar, cuando sea necesario, a realizarlo. La situación ideal se produce en el momento que hacemos del otro, del colaborador, un ejecutivo, haciéndonos de esta manera en algunos terrenos fácilmente sustituibles. No saldrá a la primera pero sí un poco después.

• “Es de bien nacidos ser agradecidos”, y todos sabemos muy bien lo agradable que es tener un jefe o un socio que nos valora y hace que nos sintamos necesarios. Valorar, también en voz alta, a los demás es de justicia.

• Funesto es levantar la voz, gritar, cuando las cosas no han salido como esperábamos. Gritar no conduce a nada y es un síntoma claro de debilidad. Pensar en alto estimulando a los otros a buscar respuestas para los temas que nos ocupan es más eficaz. Después han de ver que se tienen en cuenta sus ideas a la hora de tomar las decisiones.

• Si alguna vez hay que corregir a alguien importa mucho el hacerlo de tal manera que la persona se sienta animada a mejorar aquello en lo que se la corrige.

• Entusiasmar, apasionar e inspirar a los colaboradores lo haces ¡sí! con tus palabras pero también con tu trato y sobre todo con hechos. • Los encargos se dan con claridad y de manera convincente. ¿Estás tú mismo plenamente convencido de que lo que pides es lo mejor? Porque como jefe tienes que inspirar confianza, ser creíble. Lo que pides a otro, eso y más, tienes que poderlo hacer tú mismo.

• Como jefe tienes que ser coherente, estar al tanto de lo que es importante para tu empresa. No te olvides de que los demás te ven como lo que eres: el experto.

• Y lo que es más importante: ¡La confianza no se impone, se gana!