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Bogotá.- Colombia afronta una segunda vuelta que ya es considerada como una de las más relevantes en la historia reciente del país. Está en juego el histórico acuerdo de paz alcanzado a finales de 2016 con la guerrilla de las FARC que puso fin a más de medio siglo de guerra. Por causa de este, la polarización en la sociedad ha dibujado un escenario inédito: una batalla entre la izquierda y la derecha que tendrá consecuencias en la región.

El sustituto de Juan Manuel Santos deberá tomar decisiones cruciales en la política internacional respecto a América. La crisis humanitaria en el país vecino de Venezuela ha jugado un papel protagonista en la campaña y será una de las prioridades del nuevo presidente. En Colombia ya viven más de un millón de venezolanos desplazados por la falta de alimentos y medicamentos y la incertidumbre política.

El fin de las FARC ha permitido a los carteles de la droga mexicanos establecer sus redes en el territorio colombiano, donde se registra la mayor producción de cocaína del mundo. Esta nueva realidad no afecta sólo a los países vecinos del sur, como Ecuador, también influye en Centroamérica, por donde pasan las rutas del contrabando hacia el norte.

Además la relación con Estados Unidos, que ha tenido en Colombia un aliado estratégico desde finales del siglo pasado, podría cambiar con el nuevo inquilino del Palacio Nariño de Bogotá.

Elecciones en Colombia: Iván Duque, el candidato que arrastra lo mejor y lo peor del expresidente Uribe

En la política interna los asuntos en juego no son menos importantes: el resultado de las elecciones del próximo 17 de junio determinará cuál será la orientación de la economía a medio plazo, hasta qué punto habrá un compromiso real para combatir la corrupción en Colombia (donde el escándalo de Odebrecht ha salpicado a la clase política) y se tomarán decisiones vitales respecto a la distribución de la tierra, el conflicto que provocó la aparición de las guerrillas a mediados del siglo XX.

Cada candidato ofrece una solución diferente y diametralmente opuesta de dos extremos ideológicos: Duque, desde la derecha vinculada al uribismo (el partido del expresidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático), y Petro, quien ya se autodenomina “el primer líder progresista de Colombia” y al que sus rivales vinculan con el “castrochavismo” por su amistad con el líder venezolano Hugo Chávez.