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Managua.- Nicaragua vivió ayer domingo la quinta jornada consecutiva de manifestaciones contra la reforma de la Seguridad Social impuesta por el Gobierno del presidente Daniel Ortega. Las protestas, duramente reprimidas por la policía y las huestes sandinistas, se han cobrado al menos 30 muertos, entre ellos un periodista mientras informaba en la calle. Acosado por las protestas y las críticas internacionales, Ortega anunció anoche en una intervención televisada que retirará la polémica ley, que reduce las pensiones un 5%. El Ejército sigue desplegado en varias ciudades, mientras se recrudecen los saqueos y el vandalismo.

El presidente Ortega revocó las reformas de la Seguridad Social que han provocado cinco días de manifestaciones inéditas, duramente reprimidas por la policía y las huestes sandinistas y que han dejado al menos 30 muertos. El mandatario aceptó que sus propuestas no tuvieron “viabilidad” y crearon una “situación dramática”, por lo que daba marcha atrás en su implementación. La reforma impuesta el miércoles por Ortega por decreto reduce las pensiones un 5% y aumenta las contribuciones de empresas y trabajadores para rescatar al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). El Gobierno pretende recaudar así 250 millones de dólares (203 millones de euros).

La de este domingo fue la segunda comparecencia de Ortega ante la nación. El sábado había afirmado que su único interlocutor para encontrar una salida a la crisis era la empresa privada, con la que estaba dispuesta a dialogar. Los empresarios rechazaron la propuesta y exigieron el fin de la represión. En su discurso, el mandatario no se refirió a la violencia desatada del Estado contra los manifestantes, ni las decenas de muertos y heridos.

El presidente propuso nuevamente un diálogo, al que invitó a los empresarios y al cardenal Leopoldo Brenes, para “sacar una resolución que asegure el fortalecimiento de la Seguridad Social a largo plazo”. Con esta decisión Ortega espera bajar la tensión en las calles.

No ceder en sus protestas

Los manifestantes parecían no ceder en sus protestas, pese a la violenta represión de las fuerzas antidisturbios y las huestes motorizadas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, en el Gobierno), conocidas como turbas. “Me manifiesto porque quiero una Nicaragua sin dictadura. No es justo que nuestro país siga sufriendo por un Gobierno que reprime, que no respeta los derechos de las personas”, decía Erik Rocha, un joven de 22 años, en una manifestación en Managua. “Aquí no hay diálogo como lo pidió el presidente, es una estrategia para seguir burlándose del pueblo”, agregó Rocha.Los obispos también tomaron partido por los manifestantes, exigiendo al presidente Ortega, el sábado, que pusiera fin a la violencia oficial. Giselle Gómez, una religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, salió a manifestarse junto con otras religiosas. “Este pueblo lucha por la justicia. Esto comenzó como una marcha pacífica y ahora reprimen a la gente”, dijo Gómez. “El presidente es cínico, no tiene conciencia. Yo viví la revolución sandinista y aposté por ellos. Por eso me causa indignación y rabia. Es lo más injusto que se le puede hacer a este pueblo”, dijo la religiosa.

Después de la tregua de la mañana, por la tarde la gente comenzó a reunirse en puntos neurálgicos de la ciudad. También se registraron manifestaciones en otras ciudades del país. A diferencia de días anteriores, la población parecía haberse organizado en Managua. Este corresponsal pudo constatar en un recorrido por la ciudad que había médicos dispuestos para atender a posibles heridos, mientras la gente ofrecía agua y refugio a quienes participaban en las protestas. Asimismo, algunos vecinos defendían las tiendas del pillaje.

Asesinato de un periodista

Desde su llamamiento al diálogo del sábado, y el rechazo de la empresa privada a negociar con el Gobierno, el presidente Ortega decidió recrudecer la represión, antes de recular y revocar el decreto. No solo culpó a los manifestantes de vínculos con el narco y con el terrorismo internacional para manchar la imagen de Nicaragua en el mundo; también, junto con su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, acusó a un partido político, sin nombrarlo, de instigar las protestas.

Entre las víctimas de la represión hay un policía y un periodista, Ángel Ganoa, alcanzado por un disparo en la cabeza mientras cubría las manifestaciones en la ciudad de Bluefields, en la Región Autónoma Caribe Sur, confirmó el informativo El Meridiano, para el que trabajaba. Según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, los disturbios ya han provocado 30 muertos.

El clero nicaragüense secundó  la preocupación del papa Francisco. “El papa Francisco se ha expresado muy de mañana preocupado por la situación del pueblo de Nicaragua y nosotros nos unimos al Papa en esa preocupación… Aunque muchos quieran sembrar el odio y la represión, no estamos solos”, dijo el rector de la catedral metropolitana de Managua, Luis Herrera, durante la homilía dominical. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, denunció a EL PAÍS que los antidisturbios dispararon a mansalva contra unos 2.000 jóvenes que protestaban en el atrio de la parroquia de Santiago, en Jinotepe, a 32 kilómetros de Managua.

Las mayores protestas se han producido en zonas consideradas “bastiones sandinistas”, que históricamente han dado su apoyo al FSLN y a Daniel Ortega. Por otra parte, el Departamento de Estado de EE UU condenó “la violencia y el uso excesivo de la fuerza” de la policía durante las protestas en Nicaragua.

EE UU Y LA OEA PIDEN ABRIR UN PROCESO DE DIÁLOGO

El Departamento de Estado norteamericano “condenó” este domingo la violencia en Nicaragua y el “uso excesivo de la fuerza” por parte de la policía contra “civiles que ejercitan su derecho constitucional a la libertad de expresión y asamblea”. En un comunicado, la portavoz de la diplomacia estadounidense, Heather Nauert, pidió al Gobierno nicaragüense la apertura de un proceso de diálogo amplio que incluya a todos los sectores de la población para “resolver el conflicto actual, restaurar el respeto a los derechos humanos y alcanzar un futuro mejor y más democrático” en el país centroamericano.

La Organización de Estados Americanos (OEA) también condenó la violencia y pidió abrir un proceso del diálogo, del que se ofreció a formar parte. “El enfrentamiento violento nunca ha sido solución política, por lo que abogamos por la apertura de espacios de participación que reparen la convivencia entre las partes”, señaló en un comunicado.

El organismo panamericano, con sede en Washington, sostuvo que el proceso de diálogo podría ser establecido por la Conferencia Episcopal nicaragüense u “otros actores religiosos que cuentan con la confianza de la sociedad de Nicaragua”.”La Secretaría General de la OEA mantiene su disposición a la cooperación para asegurar el efectivo funcionamiento de las instituciones en el marco del Estado de Derecho y reitera su compromiso para contribuir a encontrar soluciones en el camino de la paz y la convivencia”, agregó.