TEGUCIGALPA.- Los líderes de las pandillas más peligrosas de Honduras que se encontraban recluidos en la cárcel de Támara, gozaban de lujos y comodidades. Así quedó en evidencia luego de que se aplicara la Operación Arpía III y se diera el traslado de estos reos al centro penitenciario El Pozo 2.

A medida que los módulos de la cárcel de Támara fueron desocupados, los lujos y los gustos exóticos quedaron a la vista de las autoridades.

En los módulos de la pandilla 18 se encontraron desde suites hasta habitaciones de placer.

En una de ellas, un espejo enmarcado en madera formando con una serpiente el número 18, da la bienvenida a la suite que ocupaban los cabecillas.

Arriba luce un cuadro con cabecillas presuntamente muertos, pero que se consideran ejemplares y venerables para la organización.

Debajo de la serpiente, un cuadro rinde homenaje a la muerte de un líder veterano y que era considerado el más alto jerarca de la organización criminal.

Otra de las celdas fue convertida en una suite con lujos solo comparados a los de las mansiones.

Techo de tabla yeso, televisores de 52 pulgadas, iluminación Led y gaveteros de madera de color son son parte de la vida de placer que disfrutaban día a día.

Bebidas energizantes, licuadoras especiales para hacer Smothies (licuados granizados), cajas llenas de sobre con te ginseng eran parte de la dieta de los criminales.

Pero como si esto fuera poco, los pandilleros tenían consolas de Play Station con la cual se entretenían a diario y hasta organizaban campeonatos de Fifa 2015.

Cuando el video juego más popular les aburría, cambiaban por God of War, Uncharted 3 y Grand Theft Auto.

Pero también tenían espacio para tener relaciones maritales y extramaritales en la “Kamasutra”, nombre con el cual identificaban una habitación acondiciona con espejos múltiples para tener sus soñadas fantasías sexuales.

Esta habitación tiene un interruptor pare regular la intensidad de la iluminación, sonido ambiental, incienso, refrigeradora, ducha y televisor plasma.

Entrar a “Kamasutra” era un privilegio para los cabecillas y para otros miembros de la organización que se ganaban ese derecho por una buena “pegada” (acto criminal sin fallas).

En otras celdas, pintadas con colores pastel, se encontraron espejos, peluches, sábanas exóticas y sistemas de aire acondicionado (minisplit de hasta 12,000 BTU).