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Chihuahua – México.- La masacre a miembros de una comunidad mormona quedará marcada para siempre en la memoria de los residentes de La Mora, una aldea de alrededor de 300 habitantes. Su estadía es cada vez más riesgosa en un territorio, entre los estados mexicano Chihuahua y Sonora, dominado por carteles del narcotráfico.

«No me siento seguro aquí, y no me sentiré, porque la verdad es que no estamos seguros aquí como comunidad”, dijo David Langford en unas difíciles palabras durante el sepelio de sus esposa, Dawna Ray Langford, una de las tres mujeres que junto a seis niños murieron en la masacre.

Tras el ataque armado y durante el sepelio La Mora se ha mantenido protegida por fuerzas de seguridad, pero sus habitantes no saben cuánto tiempo permanecerán allí.

El viudo lamentó no que en el medio de las montañas no tienen acceso a las autoridades

Dawna Ray Langford, de 43 años, fue sepuldada junto a sus hijos Trevor, de 11, y Rogan, de 2. Los miembros de la comunidad estaban consternados pero no había ánimo de venganza sino de justicia.

“Dios se encargará de los malvados”, señaló Jay Ray, el padre de Dawna.

“Ahora este lugar se va a convertir en un pueblo fantasma”, dijo Steven Langford, exalcalde de La Mora y hermano de una de las fallecidas, Christina Langford. “Muchas personas se van a ir”.