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La noticia se conoció en medio de la cruzada de la industria alimentaria, encabezada por ChipotleSubway y Burger King, por reducir el plástico en el packaging y en particular en los sorbetes. La propia Starbucks acaba de anunciar el lanzamiento de una nueva tapa con la que planea reemplazar por completo los sorbetes para 2020. Juntos, McDonald’s y Starbucks distribuyen un 4% de los 600,000 millones de vasos del mundo que se consumen anualmente y son dos de las tres cadenas de alimentos más populares del mundo. Técnicamente, los vasos de cada compañía son reciclables, pero por una serie de razones prácticas en los hechos rara vez terminan siendo reciclados.

McDonald’s y Starbucks piensan aprovechar su escala combinada para cambiar el modo en que se fabrican y eliminan los vasos que se usan por única vez. Es un plan de escala sin precedente en la industria de las comidas al paso para mejorar su huella ecológica. “Hemos estado haciendo esto un tiempo solos, pero nos estábamos cansando”, admite Collen Chapman, vicepresidente de Starbucks y responsable por la sustentabilidad.

La iniciativa fue bautizada NextGen Cup Challenge (el Desafío del Vaso de la Próxima Generación) e invita a emprendedores grandes y pequeños a desarrollar materiales y diseños que puedan reemplazar los vasos actuales. La propuesta incluye subsidios para las mejores ideas y ayudas a startups a trabajar juntas para combinarlas en soluciones listas para el mercado. Fue lanzada por Starbucks este año con la firma de innovación e inversión y de defensa de la Tierra Closed Loop Partners, y ahora McDonald’s se suma a la iniciativa.

Aliados improbables

Por más que haya mucho de bueno en juego, puede parecer extraño que dos megacompetidores se unan para desarrollar y cofinanciar un mejor vaso en vez de asegurarse cada uno la propiedad de esa innovación. McDonald’s sostiene que la mayoría de las cadenas ya están haciendo los vasos de las mismas fibras y plásticos. El packaging puede ofrecer una ventaja competitiva, pero los materiales no. Y McDonald’s incluso insiste en que el ahorro financiero potencial no será tan significativo porque los materiales no están siendo optimizados en términos de costo, sino de impacto ambiental. “Vemos esto como una oportunidad precompetitiva. Antes competíamos incluso antes de poder hacerlo del modo tradicional. Esto es un paso más atrás en la cadena, diciendo ‘cómo podemos trabajar juntos para resolver un problema que es un problema para la sociedad, para el medio ambiente’”, explica Marion Gross, jefa de la cadena de producción de McDonald’s en Estados Unidos. “Hay ciertas cosas en las que diríamos que no somos competidores. El ejemplo más fácil sería seguridad de los alimentos. En la seguridad de los alimentos no hay ventaja competitiva. Todos tenemos que ofrecer soluciones y asegurarnos de que estemos defendiendo el interés del público”.

En realidad, aunque Starbucks y McDonald’s compiten diariamente por los clientes, han estado conversando sobre el medio ambiente desde hace años. La cadena de hamburguesas venía hablando con Starbucks desde hacía años acerca de la posibilidad de colaborar en varias iniciativas de sustentabilidad, y la oportunidad finalmente se concretó en torno al proyecto NextGen.

“Cuando hicieron su anuncio nos pareció que esto sería una gran manera de sumarnos a algo que tendría un impacto positivo y hacerlo a lo grande”, dice Gross. “Dos organizaciones grandes que se unen, y esperemos que se sumen muchas más. Nos encantaría ver eso, porque creemos que juntos podemos tener una gran incidencia”.

El desafío se lanzará formalmente en septiembre, y los que ganen subsidios entrarán en un programa de aceleración de proyectos por seis meses y recibirán hasta US$1 millón en fondos.

La verdad oculta

La verdad del asunto es que por el mero hecho de que un vaso sea reciclable no termina siendo reciclado. Los vasos de plástico que McDonald’s usaba para los Frappés McCafé y los vasos de papel cubierto de polietileno usados en sus bebidas sin alcohol, así como los vasos de papel y plástico que son sinónimo de los cafés y frappuccinos de Starbucks, técnicamente son todos reciclables. Más aún, Bridget Croke, vicepresidenta de asuntos externos de Closed Loop Partners, estima que el reciclado en el mundo real de estos vasos es “nominal”, algo que Gross confirma abiertamente.

Los problemas son muchos. Pero el problema principal es que lo que etiquetamos como vasos “reciclables” tiene que rediseñarse para ser verdaderamente reciclable en el mundo real.

El reciclado está lejos de ser un sistema universal. En algunos lugares lo hacen los gobiernos municipales; en otros, están a cargo de compañías privadas con fines de lucro. Esto significa que algunas ciudades son capaces y están dispuestas a clasificar y dar nuevos usos a varios materiales -como esos vasos de papel con capa de polietileno- y otras no. Hay otras incontables complicaciones en estos sistemas. Por ejemplo, los sorbetes son tan livianos que no pueden separarse en una línea de producción de reciclado, por lo que simplemente se los usa en rellenos de tierras. Y la mayoría de las instalaciones de reciclado usan equipo de clasificación automatizado que no puede identificar plástico negro, lo que tiene un efecto de derrame que lleva a que haya plásticos de TV en nuestras comidas preparadas.

“Cuando tiro un vaso de Starbucks en Chicago, puede ser que se lo recicle”, dice Chapman. “Pero si usted está en Des Moines, Iowa, y pone su vaso de Starbucks en un tacho de reciclado, quizá no sea reciclado”.

Closed Loop Partners participa porque la firma tiene un fondo de crédito de US$100 millones para mejorar las instalaciones locales de reciclado y un fuerte entendimiento de soluciones de diseño que pueden responder a las condiciones del mundo real de este callejón infraestructural. “Lo que Starbucks hace para ganarse la vida es vender café y productos -una gran experiencia para los consumidores-, no arreglar el sistema de reciclado. Necesitan alguien que haga de filtro y que entienda todo el sistema”, dice Croke. “Cuando hablamos de la idea de un desafío de diseño, dijimos: ‘Miren, un desafío de diseño es realmente importante y necesitamos nuevos diseños’. Pero vemos diseñadores en nuestro fondo de inversiones de riesgo todo el tiempo. Y si uno le pregunta si alguno estuvo alguna vez en unas instalaciones de reciclado para ver si su diseño puede ser reciclado, no lo han hecho”.

Dicho de otro modo, un vaso “sustentable” debería ser más sustentable. Pero esa definición depende de lo que los proveedores puedan producir a escala y lo que los recicladores y compostadores pueden aceptar a escala.

Starbucks y McDonald’s piensan combatir la escala del problema con la escala de su propio consumo. Hasta ahora, Starbucks aportó US$5 millones al fondo y ahora McDonald’s acaba de hacer un desembolso similar. Pero las dos cadenas pueden mostrar su gran poder de compra como incentivo para cualquier compañía que esté lista para innovar en búsqueda de un mejor vaso. “Si ellos son los compradores de las soluciones que surgen de este desafío, realmente cambiará el mercado”, asegura Croke.