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Roma consiguió la gesta y eliminó al Barcelona de la Champions League.  La caída del Imperio Romano se debió, en parte, a la dimensión. Tenían más territorios dominados que los que podían mantener realmente. Ese es un caldo de cultivo fantástico para la sublevación.

La analogía en el Olímpico de Roma era, esta vez, al revés. Ellos debían sublevarse al Imperio futbolístico del Barcelona, como aldea bárbara, pueblo galo, a lo loco, si cabe. Ese era el previsible guion del partido.

Lo más importante en cualquier revolución suelen ser los primeros minutos. Crean confusión, pánico y descontrol. Decía Suelen ser, porque nada de esto iba a pasar.

El Barcelona empezó dominando desde los primeros instantes y creó, incluso, una ocasión clara para Sergi Roberto a los tres minutos.

La Roma parecía inofensiva hasta que, en el minuto 8, Dzeko se escapó tras un pase largo, encaró el mano a mano con Ter Stegen y le batió por bajo.

Desde este momento, La Roma planteó un plan de batalla inteligente y frontal. Algo que confundió al Barcelona, que tocaba y tocaba sin crear ocasiones, temiendo otro robo de la escuadra italiana con la que poner el partido en vilo.

Así pasaron 28 minutos en los que el protagonista fue Piqué. El defensa del Barcelona se erigió como emperador de un Imperio que aguantaba la embestida, mientras Messi, Suárez o Iniesta se habían olvidado sus respectivas coronas de laureles en el vestuario. El defensa catalán cortaba una y otra vez los constantes ataques italianos vinieran por donde vinieran. Hasta que a los 30 minutos Patrick Schick, totalmente sólo, remató fuera un cabezazo que hizo levantar a medio estadio festejando por adelantado. Pero no, el checo cabeceó fuera el balón y el Barcelona se salvó de nuevo.

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Sufría el Barcelona

Estaban jugando horrible y, ahora sí, con miedo al levantamiento romano empujado por las zancadas de un gigante de 1 metro con 93 centímetros llamado Edin Dzeko. El bosnio fue la pesadilla del equipo blaugrana que agradeció sobremanera que el árbitro pitara en el 45 exacto, sin conceder más tiempo a La Roma. La charla técnica de Valverde era más que necesaria, pero ¿qué decir cuándo te están barriendo?

Dijera lo que dijera no surtió efecto y todo comenzó igual en la segunda mitad. La Roma necesitaba el segundo tanto pronto para seguir creyendo en la remontada. El Barcelona dormir el partido con toque, posesión y galones. La balanza de necesidades cayó al lado de la Roma tras otro arranque del gigante Dzeko, en una jugada idéntica a la del primer gol. Esta vez, Piqué lo derribó antes de que el bosnio anotara y cometió un claro penal que transformó De Rossi. El 2 a 0 llegó en el 58 de juego. La Roma necesitaba sólo un gol para pasar de ronda y tenía mucho tiempo por delante para conseguirlo.

Los italianos intensificaron el asedio. De Rossi tuvo la gloria en el 69 de juego, pero su cabezazo se fue fuera. El Olímpico de Roma resonaba a victoria y remontada. Pudo llegar en el 79 pero Ter Stegen repelió en la línea de gol otro remate de una Roma embravecida. Dos minutos más tarde llegaría el córner que nunca se olvidará en Roma. Under golpeó el saque de esquina en la zona central repleta de jugadores del Barcelona, pero sólo la cabeza de Manolas acertó a rematarla, cruzada, precisa, mientras Ter Stegen la miraba entrar en su arco de reojo. La Roma había derribado al Imperio del Barcelona.

Nadie se esperaba esto. Nadie salvo los bravos, aguerridos e inteligentes futbolistas de La Roma que consiguieron una gesta imposible. Seguramente no ganen la competición, pero hoy ganaron su particular Champions League. Lo merecieron. Fueron mejores en el parcial de la eliminatoria y hubo justicia. Ahora todos le quieren en el bombo del viernes.