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Esta historia migratoria que casi todo ciudadano del mundo la conoce, innegablemente para los mismos estadounidenses, por ser descendientes de migrantes europeos, que llegaron y flamearon una historia a base de conquistas revolucionarias, despojando territorios de sus auténticos dueños, los indios americanos, cuyo anterior territorio de EE.UU., fue asignado como reserva a los pueblos indígenas y que en 1907 quedó englobado en el estado de Oklahoma; es decir, una historia que demarca la propiedad de los amerindios o Indígenas americanos.

El ejemplo (dice la historia) de las Trece Colonias, embrión de EE.UU., que con la ayuda de Francia se independizaron de Inglaterra en 1776. La primera noticia que recibió Europa de la existencia de América fue comunicada por Cristobal Colón, que arribó a Guanahaní (Bahamas) el 12 de octubre de 1492.

El primer congreso continental celebrado en Filadelfia y los delegados de los estados redactaron una declaración de derechos en 1774. El conflicto armado se inició en 1775 con el combate de Lexington, pero el 4 de julio de 1776 se efectuó una Declaración de Independencia, que incluía una formulación de los derechos del hombre. La batalla decisiva para la conclusión de la guerra fue la de Yorktown (1781), así Inglaterra reconoció la independencia de los Estados Unidos de América del Norte por el tratado de Versalles de 1783.

Esta herencia de dominio territorial estadounidense, tiene que basarse en la formulación de derechos del hombre, con la que fue redactada la Declaración de Independencia de los EE.UU. de la Union Americana, como una recopilación de su Constitución; y en esos derechos no puede despojarse a ningún inmigrante por el hecho de serlo, salvo de aquellos que violen las leyes de esta nación, cuyos principios a los Derechos Humanos están contemplados en la Sede del Tribunal Internacional de Justicia (Haya).

La actualidad histórica migratoria que también la han flameado los abanderados inmigrantes indocumentados en territorio estadounidense, trabajando incansablemente a cualquier grado de temperatura, no únicamente han conquistado un territorio sino que lo han defendido en muchas guerras, como aquellos soldados de nuestra América Hispana, que últimamente fueron enviados al Golfo Pérsico en los años 1991, para defender a los Estados Unidos de América, el país al que todo inmigrante, desde que pisó territorio estadounidense, tuvo el sueño americano como lo proclamó el célebre Martín Luther King Jr.

Las medidas del inquilino de la Casa Blanca, en tema migratorio, no son constitucionales, y por lo tanto, éstas están sujetas a revisión de jueces del Poder Judicial, para legitimarlas o nó, porque quitarles derechos civiles, con fines de deportación, a niños que llegaron con sus padres y de otros que nacieron aquí, con decisión presidencial para deportarlos, es enviarlos a sus países de origen a una inseguridad humana, (muerte segura) especialmente de aquellos que se beneficiaron con el TPS y DACA.

Las condiciones sociales de los inmigrantes indocumentados en este país, como para aceptar que a sus regresos les espera un porvenir con futuro, es sumamente negativo, porque ninguno tiene las garantías para acogerlos. Se enfrentarían a peligrar sus vidas porque servirían de “carne de cañón”.

No tendrían servicio médico, trabajo con un entorno social extraño porque toda sus vidas las han hecho en un distinto sistema, que los privaría a que su misma educación sea para no tener una preparación académica que les garantice su futuro.

Es decir, que no habría ninguna posibilidad de enfrentarse a ese monstruo antisocial que se agigantó inconteniblemente en casi todos los países de pobreza extrema, con corrupción y criminalidad; y aún mas, el tráfico de drogas con los cárteles de poderosas mafias armadas mas que ciertos gobiernos. En definitiva, abolirles el “sueño americano” a los inmigrantes indocumentados es la medida mas inhumana y racista que todavía siga aplicándose en pleno siglo XXI.

La retórica presidencial del mandatario estadounidense, no encaja ni encajará jamás en la nobleza de los inmigrantes de cualquier continente del mundo, porque su razonamiento humano dominó su racionalidad para ser un ser pensante y deliberante, para que no tenga que asociarla con intentos de destrucción de la naturaleza humana, porque la creación del hombre es para convivir con el resto de los seres que habitan nuestro planeta Tierra.

Entonces, por qué despojar, sacar o deportar a quienes respetan las leyes de un país?. Solo a aquellos que violen sus leyes merecen la aplicación de la misma, pero para cualquier delito existen jueces que condenan nuestras acciones civiles o penales, y esa sí es norma constitucional inmersa al Derecho Internacional, aplicada a los Derechos Humanos contemplado en la Sede del mas alto Tribunal Internacional de Justicia (Haya).