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Sola en su cama en una gigantesca ciudad china, Catherine Werner se despertó de golpe una noche por culpa de un zumbido que parecía venir de una dirección específica.

Quizás la climatización en su exclusivo apartamento de Guangzhou estaba funcionando mal, pensó la diplomática estadounidense. Pero al mismo tiempo, Werner también notó una intensa presión en su cabeza.

Catherine Werner/NBC News

Durante meses, noche tras noche, los sonidos y las sensaciones regresaron. Cuando la salud de Werner comenzó a declinar a finales de 2017 (vómitos, dolores de cabeza, pérdida del equilibrio), al principio creyó que el aire y el agua contaminados de China le estaban haciendo daño.

Solo unos meses después, luego de que su madre, Laura Hughes, se alarmó, tomó un avión, llegó a China y también se enfermó, que Werner fue trasladada a Estados Unidos.

Los médicos de la Universidad de Pensilvania encontraron un trastorno de la visión, un trastorno del equilibrio y una “lesión cerebral orgánica”, diagnósticos similares a los de 26 diplomáticos y espías de EEUU en Cuba, quienes comenzaron a escuchar sonidos extraños y enfermaron a finales de 2016.

En mayo, el Departamento de Estado emitió una alerta de salud: tenía la “confirmación médica” de que uno de sus empleados en China estaba afectado.

Entonces Estados Unidos tuvo que hacerle frente a una pregunta preocupante: ¿Se había extendido lo que les había pasado a sus funcionarios en Cuba?

Lo que sigue es el primer relato completo de la extraordinaria cadena de sucesos desencadenada por un presunto “ataque contra la salud”, como Estados Unidos llama a estos fenómenos misteriosos, en un empleado del gobierno estadounidense en el extranjero.

Nos basamos en entrevistas con más de una docena de funcionarios de los Estados Unidos, el testimonio escrito de la madre de Werner para los miembros del Congreso, cuya copia ha obtenido NBC News, así como documentos internos del Departamento de Estado, conversaciones grabadas y otras entrevistas.

NBC News también revisó cientos de páginas de registros médicos de empleados del gobierno estadounidense evacuados tanto de Cuba como de China, incluidos aquellos que EEUU ha “confirmado médicamente” que fueron atacados, y otros que, en última instancia, no fueron atacados.

Durante los últimos 18 meses, más de dos docenas de miembros del personal diplomático de EEUU estacionados en Cuba y en China han sufrido la terrible experiencia del misterio médico, el enfrentamiento político y la confusión burocrática.

Aunque Cuba y China niegan cualquier responsabilidad, Estados Unidos no ha señalado aún a ningún culpable, pero sostiene que estos “ataques contra la salud” causaron lesiones cerebrales y otros daños físicos en sus empleados.

Los médicos convocados por el Departamento de Estado han identificado lo que denominan un “trastorno de la red cerebral”, adquirido por cierto personal estadounidense que presta servicios en el extranjero, según los funcionarios del gobierno, que deja ver cambios estructurales en el cerebro que no son propios de ningún otro trastorno conocido con anterioridad.

Sin embargo, algunos diplomáticos y sus médicos le han comentado a NBC News que les preocupa que cada vez más el gobierno esté tratando de minimizar lo que sucedió, al menos en China.

De igual manera, es inquietante que algunos diplomáticos repatriados denuncien haber sido víctimas de presuntos actos de hostigamiento y asaltos, ocurridos luego de su regreso a los Estados Unidos; actos que ahora cuatro funcionarios del gobierno le confirman a la NBC que el FBI ha estado investigando.

“Algo anda muy mal”

Laura Hughes se despertó una mañana en su granja de Pensilvania y descubrió que su esposo le había reservado un vuelo a Guangzhou. El hombre había estado observando el deterioro de la salud de su hija Catherine durante los chats de video que hacían con regularidad y creía que la situación se había agravado.

“Tienes que ir a China -recuerda Hughes-. Algo anda muy mal”.

Hughes llegó a Guangzhou y se dispuso a conseguir nuevos filtros de aire y de agua para Werner, así como alimentos importados. Cuando madre e hija notaron signos de intrusiones en el hogar (luces encendidas que habían estado apagadas, artículos del hogar fuera de lugar) adoptaron dos perros.

Catherine Werner con sus dos perros en China/NBC News

Werner, de 31 años, había trabajado con el Servicio Comercial del Departamento de Comercio y pensó que el acoso se debía a su trabajo en temas comerciales de alto perfil de Estados Unidos con China. No es raro que diplomáticos estadounidenses en países hostiles sufran acoso o intrusiones caseras para recordarles que están siendo vigilados.

Werner declinó hacer comentarios para este artículo, pero lo que le ocurrió fue confirmado por su abogado, Mark Zaid, quien no se opuso a hacer pública la historia de la diplomática o datos de sus registros médicos.

Werner había vivido durante sus primeros años en China y hablaba mandarín. Tras concluir sus estudios en la Northeastern University de Boston, la joven consiguió empleo en Morgan Stanley y Barclays, y trabajó en Hong Kong antes de unirse al gobierno. Ahora tropieza con los muebles, lucha por recordar palabras básicas y vomita sin ninguna razón.

“Mi hija, que había sido una joven bella, bien articulada, inteligente y reflexiva, se había reducido a un cascarón de su antiguo yo”, le escribió Hughes al Congreso.

Durante su estancia en China, Hughes también escuchó sonidos, unos agudos y otros graves, junto con una presión punzante que se sentía como una ola que se arrastraba por su cuerpo. Pronto ella también desarrolló dolores de cabeza, náuseas y problemas para concentrarse.

Según su escrito, cuando vieron a sus perros regurgitar la sangre, ella y su hija se convencieron de que estaban siendo envenenados. En una ocasión, al llegar a casa, encontraron el recipiente de agua de los perros lleno de orina.

Tres meses después de llegar a China, Hughes regresó a su casa, sintiendo que “físicamente no podía tolerar quedarse más tiempo”. Asegura que le suplicó a su hija que regresara también, pero no pudo convencerla de que dejara su trabajo.

A fines de marzo, Werner se presentó ante la oficina de seguridad del consulado para poner al día al equipo de seguridad sobre el presunto acoso contra su persona. Pero cuando los agentes vieron que su salud se había deteriorado, la remitieron a los médicos del Departamento de Estado.

Una semana más tarde, los galenos le hicieron una serie de pruebas llamadas HABIT, abreviatura de la Herramienta de Lesión Cerebral Adquirida en La Habana, que se desarrolló en respuesta a los misteriosos trastornos reportados por el personal diplomático en Cuba.

Veintiséis empleados del gobierno se habían quejado de síntomas que incluían la pérdida de la audición y la memoria, así como de dolores de cabeza, tras haber escuchado ruidos extraños y vibraciones, generalmente provenientes de una misma dirección, y siempre en las habitaciones de un hotel o en sus hogares. Algunos diplomáticos canadienses también fueron afectados.

El personal médico del Departamento de Estado ha sido capacitado para administrar las pruebas de triaje si los diplomáticos informan sobre sonidos o síntomas sospechosos. Este examen incluye pruebas de memoria, como recordar cadenas de números, y pruebas de equilibrio, como pararse en una pierna, de acuerdo con los cuatro funcionarios a los que NBC News tuvo acceso. Los que no pasan el examen son enviados para pruebas más avanzadas al Centro Penn para Lesiones y Reparación Cerebral de la Universidad de Pennsylvania en Filadelfia.

Las pruebas HABIT que le hicieron a Werner en Guangzhou mostraron múltiples déficits similares a los del grupo de diplomáticos afectados en Cuba. De ahí que una semana después la enviaran a Penn, donde docenas de médicos le realizaron pruebas para identificar cualquier otra causa posible de sus problemas. Los médicos incluso le realizaron una punción lumbar para descartar enfermedades conocidas del sistema nervioso.

Entre los diagnósticos hechos a la joven estaba la “disfunción neuropsicológica producida por una lesión cerebral orgánica”.

Los registros muestran que quedó por debajo del quinto percentil en un examen del movimiento ocular. Una evaluación psicológica encontró problemas con el funcionamiento motriz y la percepción visual, con “evidencias claras de disminuciones en el funcionamiento debido a lesiones previas”. Y una resonancia magnética halló “lesiones supratentoriales dispersas de materia blanca”, leves, pero “nada típicas para la edad”.

En Penn, se construyó un mapa computarizado del cerebro de Werner utilizando una técnica de IRM experimental, y los expertos compararon su mapa cerebral con uno compuesto creado a partir del grupo de pacientes afectados en Cuba.

Lo que se encontró en Werner fue similar a los síntomas de los pacientes de Cuba, por lo que los funcionarios del Departamento de Estado consideraron que no tenían más remedio que hacerlo público. Cuarenta días después de que Werner llegara a Filadelfia, Estados Unidos emitió su alerta de salud.

“Las indicaciones médicas son muy similares y totalmente consistentes con las que se les hicieron a los estadounidenses que trabajan en Cuba”, dijo el secretario de Estado Mike Pompeo en el Congreso.

Equipos médicos fueron enviados a la embajada y a cinco consulados en China para evaluar a cualquier diplomático o miembro de su familia que presentara síntomas. Según funcionarios del Departamento de Estado, cerca de 300 trabajadores fueron evaluados, incluso en Guangzhou, Shanghai y Beijing.

Consulado de EEUU en Guangzhou/AP

Después de confirmar los problemas médicos de Werner, el Departamento de Estado acordó financiar los exámenes de su madre, y que estos fueran hechos por el mismo médico que atiende a Werner y a los pacientes de Cuba.

Desde que regresó de China, Laura Hughes había estado tratando de ocultar su nueva lucha por recordar lo que le decía su esposo. La mujer se alarmó sobre todo cuando descubrió que no podía recordar los nombres de las mascotas de la familia.

En junio pasado, una resonancia magnética realizada al cerebro de Hughes encontró cambios isquémicos crónicos de pequeños vasos, “más de lo esperado para la edad”. Una neuroimagen adicional halló “focos dispersos de señal anormal en la sustancia blanca”, y una evaluación enumeró una lesión cerebral adquirida en su lista de problemas.

Uno de los neuropsicólogos escribió que Hughes “continúa experimentando deficiencias cognitivas persistentes, debilidades cognitivas y funciones variables, después de una serie de exposiciones ambientales en China”.

Mientras, un optometrista, el mismo que evaluó a los pacientes de Cuba, encontró deficiencias visuales similares a las de Werner, y escribió que “probablemente fueron el resultado de sus exposiciones en China”.

Sin embargo, por razones de privacidad, el Departamento de Estado no se atreve a dar por confirmado el caso de Hughes.

“Es real. Esto sucedió”

Los vuelos de evacuación que repatriaron a empleados estadounidenses de Cuba y China marcaron el final del primer capítulo en una terrible experiencia. Pero cuando regresaron a su país, les esperaban nuevos desafíos.

Estos estadounidenses han tenido que batallar para determinar quién pagaría las facturas médicas y los costos de la transportación cuando les tocaba viajar a Filadelfia. Hubo inquietudes acerca de si las evaluaciones psiquiátricas podrían poner en peligro las autorizaciones de seguridad y si sus registros médicos se entregaron al FBI sin su consentimiento. También se produjo una ruptura entre el médico de Miami inicialmente alistado para examinar a estos empleados del gobierno y los galenos de Penn.

Mientras tanto, en Cuba, una lista de nombres fue difundida en un especial de la televisión estatal, lo que generó la preocupación de que los empleados estadounidenses, algunos de los cuales eran oficiales de inteligencia bajo cobertura diplomática, habían sido “expuestos”.

En Washington, editoriales de diarios y comentarios de legisladores amigos de Cuba sugirieron que los estadounidenses podrían estar sufriendo un caso de histeria masiva. Pero en una conferencia telefónica con pacientes de Cuba el mes pasado, el subsecretario de Estado John Sullivan descartó esa posibilidad, argumentando que hay hallazgos médicos objetivos que no pueden ser falsificados.

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Mike Pompeo, ex director de la CIA y secretario de Estado

“Cualquier sugerencia de que esto sea algún tipo de histeria masiva es simplemente contraproducente, y la comunidad médica, todos los médicos con los que he hablado sobre este tema, se muestra unánime”, dijo Sullivan en su comunicación, según una grabación obtenida por NBC News. “Es real. Ocurrió. Y este es el conjunto de hechos”.

Pero con cientos de diplomáticos que reportan sonidos o síntomas extraños, ¿quién determina cuáles son casos reales, “confirmados” y cuáles no? Si el gobierno todavía no sabe qué es lo que causando ese daño, ¿cómo puede estar seguro?

Quince estadounidenses que no pasaron la prueba HABIT en China fueron trasladados a Filadelfia. En algunos casos, pruebas adicionales realizadas en Penn encontraron problemas médicos similares a los de los evacuados cubanos, incluidas lesiones cerebrales adquiridas, disfunción vestibular y trastornos del sueño, según muestran los registros médicos. Pero los funcionarios del Departamento de Estado dicen que se determinó que 14 de ellos no eran casos que encajaran con el resto. Uno fue considerado “indeterminado”.

De acuerdo con la correspondencia del Departamento de Estado revisada por NBC News, en algunos casos, a los pacientes que sufrieron conmociones cerebrales durante la infancia, pero se habían recuperado completamente, y se les informó que sus síntomas actuales podrían haber sido causados ​​por las conmociones cerebrales anteriores.

La administración Trump nunca ha discutido públicamente cómo funciona el proceso de determinación de las afecciones, dejando a aquellos que creen que son casos legítimos, pero a los que se les ha dicho que no, con escasos recursos para disputar a la decisión del gobierno.

Pero los funcionarios involucrados en el proceso le dijeron a NBC News que los médicos de Penn realizaron sus evaluaciones y sus pruebas, diagnosticando enfermedades específicas como la lesión cerebral adquirida y el trastorno del equilibrio, y que luego le entregaron sus conclusiones al gobierno.

Por su parte, médicos del Departamento de Estado, que nunca han examinado a estos pacientes toman en cuenta otra información, como la ubicación de la “exposición” reportada y el historial médico anterior, antes de decidir si la imagen completa coincide con lo que se vio en los pacientes de Cuba.

Embajada de EEUU en Cuba/AP

Ellos buscan la presentación “clásica” de un incidente: cuando un empleado escucha sonidos o siente una sensación que generalmente viene de una dirección precisa, y luego desarrolla síntomas en minutos u horas.

Este proceso está completamente desconectado de la investigación federal en curso sobre los ataques. Los médicos del Departamento de Estado no toman en cuenta las entrevistas del FBI con los pacientes u otros informes de los investigadores.

“Lo consideramos puramente desde una perspectiva médica -declaró el Dr. Charles Rosenfarb, director médico del Departamento de Estado, en una entrevista con NBC News.

Aunque los médicos que tratan a estos ciudadanos no quieren hablar públicamente, uno de ellos recordó haberle dicho al Departamento de Estado que un paciente de China tenía los mismos síntomas que los pacientes de Cuba, solo para ver que el paciente fuera “descartado”. El galeno opinó que los médicos de Penn están siendo “arrojados debajo del autobús” por “voces cuestionadoras en el Departamento de Estado”.

Por su parte, el Centro Penn para Lesiones Cerebrales y Reparación no autorizó que ninguno de sus médicos hablara para NBC News, pero sí emitió una declaración de su presidente de neurocirugía que afirma que sus médicos e investigadores “continúan trabajando estrechamente con colegas del Departamento de Estado para brindar evaluaciones y atención de alta calidad”.

En paralelo, el Departamento de Estado está cubriendo durante un año las facturas médicas de la evacuación de Cuba o de China, incluso si se determina que no son casos de ataques. Sin embargo, para los diplomáticos, la decisión sigue siendo muy importante.

Los casos confirmados en Cuba recibieron cartas del FBI que los identificaban como “posible víctima de un delito”. Esta misiva señala que ellos tienen “derecho a recibir ciertos servicios” a través del Programa de Asistencia a las Víctimas del FBI, y les otorga acceso a un sistema especial para rastrear su caso, según una de las cartas revisada por NBC News.

A diferencia de Cuba, en el caso de China no ha habido reducción de la plantilla diplomática, por lo que muchos están preocupados de que sus colegas que aún se encuentran en ese país se encuentren en peligro.

“Aquí no hay una conspiración”.

De acuerdo con funcionarios del Departamento de Estado, la mayoría de los diplomáticos evacuados han mejorado lo suficiente como para reanudar su trabajo. A varios de ellos se les han dado facilidades, como horarios de trabajo reducidos, luces de oficina atenuadas o gafas especiales. Mientras tanto, el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca está preparando una legislación para lidiar con las brechas que actualmente no cubre la Compensación a los Trabajadores, como la atención a los cónyuges afectados o indemnizaciones por deterioro permanente del cerebro.

En las instrucciones internas del Departamento de Estado revisadas por NBC News, a los trabajadores de Cuba y China se les dijo que no conversaran en público sobre lo que sabían; tampoco con reporteros o en las redes sociales.

Sin embargo, durante el último año, algunos pacientes han compartido ampliamente sus registros, recuerdos y actualizaciones médicas entre ellos a través de aplicaciones de mensajería encriptada o personalmente, al tiempo que intentan reconstruir lo que les sucedió en el extranjero.

Más recientemente, los afectados comenzaron a expresar preocupaciones entre ellos de que, a pesar de la “confirmación médica” de que un trabajador en China había sido perjudicado, la administración Trump podría estar dando marcha atrás.

Mientras en mayo, Pompeo calificaba el caso de Werner como “totalmente consistente” con los pacientes de Cuba, ahora los principales diplomáticos estadounidenses dicen que no están seguros de que sea lo mismo, y uno de ellos le dijo al Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes que era como “manzanas y naranjas” -o sea, que no tenía que ver con los pacientes en Cuba.

Por su parte, el Departamento de Estado, al explicar por qué no está estableciendo una junta de revisión para evaluar la respuesta en Cuba, le confirmó a NBC News que Pompeo no creía que hubiera suficiente información para demostrar que la lesión de Werner estaba “relacionada con una misión del gobierno de los Estados Unidos en el extranjero”.

Luego de reunirse con los médicos de Penn, el subsecretario de Estado John Sullivan reconoció que “puede haber una sospecha” de que el gobierno de Estados Unidos esté tratando de “minimizar” lo que sucedió en China.

“Les puedo asegurar que no es el caso. Estamos examinando esto enérgicamente”, expresó Sullivan en la conferencia telefónica con los pacientes. “Aquí no hay una conspiración para encubrir, minimizar o limitar esto exclusivamente a Cuba”.

¿Acoso dentro de Estados Unidos?

En septiembre, el jefe del equipo de médicos de Penn fue citado por The New York Times confirmando que las armas de microondas eran sospechosas. Ese mismo mes, NBC News informó que las agencias de inteligencia de EEUU consideraban a Rusia como el principal sospechoso.

Pero a pesar de los esfuerzos colectivos de la FBI, la CIA, la NSA, los CDC y el ejército, la administración Trump dice que todavía no sabe quién o qué es responsable de estos ataques “contra la salud”.

Y ni siquiera dentro de Estados Unidos, no todos los evacuados de Cuba y de China están convencidos de que estén a salvo.

Al menos seis de los estadounidenses repatriados le reportaron al FBI sospechas de acoso o vigilancia dentro del país, según cuatro funcionarios y otras personas familiarizadas con la investigación. Entre los denunciantes hay evacuados tanto de China como de Cuba, incluidos algunos que nunca se han conocido entre sí.

Varios de ellos reportaron sospechas de asaltos en sus casas o viviendas temporales, tras encontrar artículos movidos de lugar o manipulados, así como luces y televisores encendidos que se habían apagado. Algunos entregaron evidencia potencial al FBI, incluyendo imágenes de vigilancia y una computadora portátil que se sospecha que había sido manipulada.

Otros informaron que fueron seguidos de manera notoria, incluso desde los consultorios de sus médicos en Filadelfia, además de actividad sospechosa en sus teléfonos celulares. En un momento dado, a los pacientes cuyo tratamiento se transfirió de Penn a la Red Nacional de Rehabilitación MedStar de Washington se les informó que todas sus citas de MedStar habían sido canceladas indefinidamente por razones de seguridad, según cuatro de ellos familiarizados con estas cancelaciones. La situación fue finalmente resuelta.

No está claro si los incidentes pueden ser verificados, y no hay indicios de que la investigación haya dado arrojado algo sospechoso.

El FBI declinó hacer comentarios, al igual que un portavoz de MedStar, citando regulaciones federales sobre la privacidad del paciente.

Las embajadas de Cuba y China en Washington no respondieron a las solicitudes de comentarios, al tiempo que la embajada rusa le envió a NBC News una declaración anterior de su Ministerio de Relaciones Exteriores negando cualquier involucramiento.