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Matamoros – México.- El sueño americano exige sacrificios que en ocasiones pueden ser inhumanos. Esperar del lado mexicano a que se procesen las solicitudes de asilo raya en la supervivencia.

En Matamoros, México, donde miles de personas aguardan una respuesta de los tribunales migratorios las necesidades básicas no están cubiertas.

Los campamentos dispuestos para albergar a los solicitantes de asilo están hacinados. Viven en carpas y el acceso al agua potable es limitado.

Justina está en Matamoros. Huyó de la persecución política en Nicaragua. Es una de las personas que esperan entrar legalmente a Estados Unidos. Su bebé de ocho meses está con ella. Más nadie.

“Aquí yo aguanto frío, hambre y todo porque no tengo recursos y la niña también aguanta”, dijo Justina que prefirió no revelar su apellido por razones de seguridad.

El caos está apoderado del campamento. El contaminado río Bravo sirve para lavar la ropa y hasta para bañarse. Algunos incluso pescan y lo que obtienen lo cocinan en fogatas con leños.

Las políticas migratorias de la Administración Trump han reducido drásticamente cantidad de migrantes que ingresan a Estados Unidos.

Un convenio firmado por los gobiernos de México y Estados Unidos obliga a los solicitantes de asilo a permanecer en suelo azteca hasta que sus casos tengan una decisión en las cortes migratorias.

La mayoría de las respuestas puede tardar meses en concretarse. Mientras, los migrantes aguardan con esperanza pero en condiciones que ponen en riesgo sus vidas.