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New York.- La economía de Estados Unidos va bien. El mercado laboral es robusto, los consumidores tienen más dinero para gastar, las empresas más capital para invertir gracias al estímulo fiscal, y el crecimiento global ayuda a exportar más. Pero hay un nubarrón enorme en el horizonte. La deuda pública va camino de alcanzar este año su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial y al ritmo que crece tendrá el tamaño de su producto interior bruto en el próximo decenio.

El desequilibrio en las cuentas públicas es el motivo por el que la agencia de calificación crediticia Standard & Poor’s sigue negando a EE.UU. el retorno al club de la triple A. Le acaba de mantener la nota un escalón por debajo a la máxima de solvencia. La perspectiva es estable. Pero advierte de que la visión “cortoplacista” de la Administración que preside Donald Trump y la división política plantean un

La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, en sus siglas en inglés) pone números al problema en sus últimas proyecciones. La deuda pública bruta total supera los 21 billones de dólares, por encima del 100% del PIB. Si se mira la deuda federal pública sin contar la parte intragubernamental (la que deben unas partes del Gobierno a otras) ronda los 15 billones de dólares. La previsión a corto plazo es que alcance el 78% del PIB este año. Será el nivel más alto desde 1950 y de ahí, previsiblemente, crecerá al 96% en 2028, aunque incluso podría superar el récord histórico del 106% que se alcanzó en 1946.

Aquella vez la deuda se disparó por el incremento del gasto para financiar el dispositivo militar que se movilizó durante la contienda. Hubo otros repuntes después, por los baches en la economía. Esta vez, sin embargo, la situación es completamente diferente porque la mayor potencia del mundo crece con solidez, el mercado laboral está en una situación de pleno empleo y no hay tensiones financieras.

Ben Bernanke, que presidió la Reserva Federal durante la última recesión, advertía recientemente que es el “momento equivocado” en el ciclo para reforzar los estímulos fiscales y elevar el gasto. La economía, insiste, simplemente no los necesita estando en una situación de pleno empleo. El temor del economista es que el crecimiento se venga abajo cuando su efecto empiece a difuminarse en 2020.

El actual presidente de la Fed, Jerome Powell, dijo en mayo a los congresistas que no deberían dormir tranquilos por la degradación de las cuentas públicas. Evitó ser alarmista, pero sí dijo que es el “mejor momento” para hacer frente a un problema que califica de serio. “La progresión no es sostenible”, advirtió. La baja tasa de paro y el crecimiento, explicó, crean una oportunidad.

“La deuda creciente representa un riesgo sustancial para el país”, reitera Keith Hall, director de la CBO, “y un reto significativo para los legisladores”. Es más, advierte de que para 2048 los costes derivados de los intereses que se tendrán que pagar por la deuda se duplicarán y ese aumento lo colocará al nivel del gasto en las pensiones públicas, que es actualmente el mayor programa federal.