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“La urgencia no puede ser infraestimada”, ha añadido Nielsen, que ha señalado que esta medida “empieza hoy”, aunque deberá antes coordinarla con los gobernadores de los estados afectados (entre ellos, California, que hasta ahora ha rechazado las medidas migratorias de Trump).

“Tantos como sean necesarios para cubrir los huecos que hay ahora”, ha explicado sobre el número de soldados desplegados, sin clarificar cuántos serán exactamente. “Empieza de inmediato”, ha insistido, precisando de nuevo, en cualquier caso, que antes deberá negociar con los gobernadores.

Nielsen ha indicado además que es “optimista” sobre el proyecto de ley que el Gobierno va a impulsar para cerrar los “agujeros” en la ley migratoria.

Trump había avisado esta mañana en Twitter: “Hoy tomaremos fuertes medidas”. Se refería al debate sobre inmigración que él mismo relanzó el domingo en esta red social, y cuyo eco aprovechó la Casa Blanca horas después para anunciar que prepara un paquete legislativo para facilitar la expulsión del país de inmigrantes indocumentados y complicar sus opciones de lograr asilo.

Leyes débiles

“Nuestras leyes de inmigración son muy débiles, mientras que las de Canadá y México son muy duras”, tuiteó Trump esta mañana, “¡El Congreso debe cambiar YA estas leyes de la época de Obama y otras! Los demócratas están obstaculizando nuestro camino, quieren que la gente entre en torrente en nuestro país sin controles. ¡CRIMEN! Hoy tomaremos fuertes medidas”.

Desde el domingo, el presidente ha escenificado en Twitter un cambio en su estrategia para cambiar las leyes migratorias, que relanza este debate tras el fracaso en febrero de su intento y el de demócratas y republicanos en el Congreso por aprobar una ambiciosa reforma y sacar además del limbo a los soñadores.

El domingo, precisamente, Trump cerró la puerta a un acuerdo sobre DACA, el programa que permitía residir y trabajar a los jóvenes llegados al país de niños de forma ilegal de la mano de sus padres. Además, puso el grito en el cielo por la caravana de más de un millar de inmigrantes centroamericanos que atravesaba México en dirección a la frontera sin que, según dijo, las autoridades de este país hicieran nada por detenerlos.

Esta escalada culminó ayer con el anuncio de que colocaría tropas militares en la frontera para evitar la llegada de inmigrantes. Hoy firmará la orden para desplegar a la Guardia Nacional. Trump señaló además que, gracias a sus mensajes, México había disgregado la caravana (lo cuál no es completamente cierto, puesto que parte de esos inmigrantes siguen su camino). Y lamentó que el país vecino tuviera métodos para poder actuar contra los indocumentados mejores, “aunque resulte difícil creerlo”, que Estados Unidos.

Nuevos mensajes hoy

Esa última idea se ha concretado en los mensajes de hoy con una nueva petición para endurecer la legislación estadounidenses. ¿Cómo? La Casa Blanca desveló el lunes que prepara una reforma para cerrar los “agujeros” en las leyes migratorias.

“Manos atadas” con familias y menores sin acompañante. “Soltamos a mucha gente porque nuestras manos están atadas”, afirmaron fuentes de la Casa Blanca, en referencia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés). Su queja, que está dirigida contra las leyes existentes y las decisiones judiciales, se centra en las familias y los menores sin acompañante que entran por la frontera mexicana.

“Sólo podemos detener a familias por menos de 20 días”, se lamentan, y en ese plazo les resulta imposible, añaden, conseguir una orden de deportación. En el caso de los menores sin acompañantes, si provienen de México o Canadá, es decir, de países contiguos, y no son víctimas de trata o tienen un miedo creíble a regresar, pueden ser devuelto sin más. Pero si proceden de otros países (por ejemplo, son centroamericanos), no pueden ser detenidos más de tres días.

Lo que la Casa Blanca desea es que todos los menores, independientemente de dónde provengan, sean tratados igual que los mexicanos y canadienses. Y que los plazos para mantener a niños y familias bajo custodia sean mayores. “¿Por qué no habrían de venir?”, se preguntaban dichas fuentes, “hemos pedido cambios [legales] para poder hacer nuestro trabajo, no podemos tener las manos atadas sobre a quién detenemos y por cuánto tiempo”.

En su opinión, además, es un tema de vida y muerte: “Mientras sigan viniendo, harán ese viaje, morirán más, serán explotados más. Por eso le pedimos al Congreso que lo arregle y, de paso, salve vidas”.

El miedo creíble no debe ser suficiente 

No sólo se trata de poder devolver a los inmigrantes más fácilmente, sino también de que tengan más difícil quedarse, y para ello es clave el sistema de asilo. En la actualidad, los recién llegados deben poder probar un miedo creíble de que, en caso de ser expulsados, serán sometidos a persecución o tortura. Y el Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS, en inglés) está “desesperado” por arreglar algunos “problemas” al respecto.

Según sus estadísticas, el 65% de inmigrantes logra demostrar ese miedo creíble y gana por tanto su derecho a comparecer ante un corte de inmigración. Los jueces (que dependen del Departamento de Justicia, es decir, del Gobierno que preside Donald Trump) permiten recurrir a un 10% más, de forma que casi ocho de cada 10 inmigrantes tiene la posibilidad de comparecer ante una corte a defender su caso.

Las autoridades federales no tienen camas suficientes en los centros de detención como para mantenerlos bajo custodia hasta entonces. Además, con el retraso actual, pueden pasar años antes de que comparezcan. La Casa Blanca lamenta que, para entonces, muchos deciden no hacerlo, quedándose ya de forma ilegal en el país.

Su solución es dificultar la carga de la prueba por parte del inmigrante, obligándoles a probar por una parte que dicen la verdad, y por otra que tienen un miedo creíble. Y, además, descalificar a aquellos que, en su camino hacia Estados Unidos, huyendo supuestamente por miedo, pudieron quedarse en un país intermedio (por ejemplo, México), presuntamente a salvo del peligro que les amenazaba.

Adiós a los soñadores

Trump anunció el domingo que abandonaba cualquier intención de negociar una salida para los soñadores, es decir, para los jóvenes llegados ilegalmente cuando eran niños de la mano de sus padres. Según dijo, esos “torrentes” de indocumentados que se dirigen al país “en caravanas” están “intentado aprovecharse de DACA”. El problema es que ese programa ya no existe porque el propio Trump lo finiquitó en septiembre (sigue vivo porque dos cortes así lo decidieron provisionalmente, pero no acepta nuevos ingresos).

Según la Casa Blanca, DACA sigue siendo sin embargo “un imán” porque, mientras el Congreso debate si permite a los soñadores quedarse o no, “suele venir mucha gente de forma ilegal, no importa si cualifican o no”. Ninguno puede cualificar, porque, entre otros requisitos, es necesario que estén en el país desde hace más de una década. “Pero el beneficio es muy atractivo para que vengan más adolescentes solos o que sus padres los manden pensando que pueden conseguir clemencia durante este debate o que se les ofrecerá en el futuro”, añaden las citadas fuentes.

En resumen: para que no vengan más jóvenes pensando que dentro de 10 años habrá otra amnistía, la Casa Blanca quiere expulsar a todos los soñadores (hay 700.000 con DACA, pero en su misma situación hay más del doble) que ahora viven aquí y cuya única patria ha sido y es Estados Unidos.