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Ciudad de Guatemala.- Como todos los días desde hace ya muchos años, un avión lleno de guatemaltecos deportados de los Estados Unidos aterrizó en la Fuerza Aérea Guatemalteca. 

Sin embargo, este vuelo tenía algo particular, entre los 106 connacionales que regresaban al país luego de ver frustrado su intento de buscar una mejor calidad de vida para ellos y sus familias venía un grupo de 11 unidades familiares.

La razón por la que estas personas se distinguían del resto es que son el primer grupo de padres que logran reunificarse con sus  hijos luego de ser víctimas de la política tolerancia cero a la migración ilegal y que separaba a las familias que intentaban ingresar a ese país.

Su retorno fue distinto al de los miles de migrantes que regresan deportados al país año con año, pues a ellos los esperó la esposa del presidente Patricia Marroquín de Morales, quien junto a una comitiva y excesivas medidas de seguridad recibió a los núcleos familiares en la pista de la Fuerza Aérea.

Silencio

El anunció de que ayer vendrían estas familias lo hizo la Cancillería, pero no hubo ninguna facilidad para poder abordar a las familias y las autoridades evitaron dar cualquier tipo de declaraciones dejando a los periodistas en lugares muy lejanos para poder entrevistarlos.

De Morales llegó a la Fuerza Aérea, recibió a las familias quienes posteriormente fueron llevadas a un salón aparte de los otros migrantes, pero se desconoce qué fue lo que les indicó en dicha reunión.

De hecho, las autoridades de Migración encargadas de atender a los migrantes indicaron en varias ocasiones que las familias ya habían abandonado el recinto.

Los encargados no dieron detalles de las personas retornadas, ni cuántos padres o madres eran, ni el número de menores que regresaron, tampoco informaron cuándo y en dónde fue que los padres se reencontraron con sus hijos.

El único momento en el que se pudo abordar a los padres y sus hijos fue cuando salieron para unos buses que los llevarían a distintas partes del país, pero los encargados no dejaron entrevistar a los migrantes por más de dos minutos.

Experiencia dolorosa

Doneida Pulex Castellanos, quien retornó al país junto a su hija de 6 años, fue la única de las 11 unidades familiares que salió junto al grupo de migrantes.

La razón es que su esposo y otra hija llegaron a la Fuerza Aérea para reencontrarse con ellas. La migrante aseguró que intentó cruzar la frontera de México y Estados Unidos junto a su hija hace dos meses, donde fueron detenidas y separadas.

“Fue hasta ahora que logramos regresar a Guatemala, estos dos meses fueron horribles, horribles, porque sentía que no podía vivir sin ella —su hija—”, dijo Pulex Castellanos entre lágrimas.

La migrantes indicó que regresará junto a su familia a El Salitre, Santa Rosa, de donde son originarios.

Las familias llegaron al país junto a otros deportados. (Foto Prensa Libre: Óscar Rivas)
Las familias llegaron al país junto a otros deportados. (Foto Prensa Libre: Óscar Rivas)
Fuerte trauma

Hermelindo Juárez Mérida, quien viajó junto a su hijo de 14 años, calificó su experiencia como muy dura pues fue detenido el 17 de mayo último y dos días después fue separado de su hijo.

“Nos separaron de nuestros hijos. A los adultos nos tuvieron en varios lugares, Tucson, Texas; y Atlanta, Georgia, como un mes”, precisó el migrante, quien afirmó que es un “un trauma bastante duro”.

“Es muy difícil ver cuando a un niño de 5 o 6 años se lo quitan a sus padres, es algo doloroso no solo para el padre que lo sufre sino para nosotros que lo vimos, es algo muy amargo”, aseveró Juárez Mérida.

El migrante, que es originario de San Antonio Huista, Huehuetenango, aseguró que salió del país porque no encontró ninguna oportunidad para salir adelante en el país.

Agregó que con esto que vivió no tiene posibilidades ni ánimos para volver a intentar viajar en forma irregular a los Estados Unidos. “De todo lo que vivimos se nos quitaron las ganas de viajar, una mala experiencia por cómo nos trataron”, aseveró.