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Un primer tiempo bipolar y a ratos emocionante. Ver al equipo favorito en problemas, vulnerable, siempre resulta un manjar para el aficionado que en Rusia 2018 se ha acostumbrado a ver a los menos favoritos triunfar. Rusia pegó primero y de gran forma. Pero tendrían que pasar 45 minutos más para saber si los locales lograrían la hazaña.

En menos de cinco minutos, Rusia se acercó dos veces al arco croata. La primera ocasión con un disparo mal ejecutado; la segunda con un centro tras un descuido en la banda derecha croata. El estadio Fisht parecía animarse por momentos ero aún no veía clara la oportunidad para desbordarse.

Hasta que llegó el minuto 31. Recepción orientada de Denis Cheryshev con recorte incluido que dejó en el piso a Luka Modric y a una marca más para que el delantero ruso contactara el balón con la zurda y lo mandara guardar en el ángulo derecho de Subasic.

Cheryshev había clavado un poema de gol y el temor de algunos de ver a un favorito más fuera del Mundial cobró la forma de un grito de lamento y un gesto de incredulidad. Se fraguaba, por más prematuro que haya sido, el pase a semifinales de Rusia.

Emoción y esperanza se frenó

La emoción y esperanza de los rusos se frenó en seco ocho minutos después cuando Kramaric marcó el tanto del empate con la cabeza. Croacia aprovechó los espacios de la zaga rusa para habilitar a Mandzukic por una de las bandas, quien a su vez entró al área grande y, con una mesura poco vista en goleadores, esperó la llegada de Kramaric para colocar el esférico en su frente.

Kramaric definió al poste más lejano y empató el encuentro. Los locales tendrían que remar contra corriente, empezar de cero.

Llegó el descanso y después la segunda mitad que no ofreció grandes jugadas ni un fútbol pulcro. Fue al 59′ que Perisic desperdició la inigualable oportunidad de marcar el 2-1 tras adueñarse de un balón suelto en el área grande, sin marca, que estrelló en uno de los postes de Akinfeyev.

El tiempo regular le abrió paso a los tiempos extra para definir al último semifinalista de Rusia 2018. Al minuto 100, Domagoj Vida parecía sellar un triunfo más que sufrido e inesperado con un cabezazo cargado de fortuna que pasó entre defensores y delanteros para el 2-1.

La suerte parecía abandonar a los anfitriones pero en el 114′, Mario Fernandes se levantó tras un centró a balón parado y le regresó la vida a miles en el estadio y a millones en las calles rusas. El tanto del empate solo significaba una cosa: la tanda de penales decidiría al semifinalista.

Nadie habría pensado que Fernandes, el héroe de Rusia en tiempo extra, se convertiría en el villano tras fallar la pena máxima. Instantes antes, Smolov, su compañero encargado de inaugurar la tanda, había fallado también. Kovacic no supo definir por parte de Croacia pero poco importó, ya que los demás no perdonaron.

Tras un gran Mundial, Rusia se despidió de su fiesta de la manera más dramática y sufrida, y muy por encima de las expectativas. Toca festejar el pase a semis para los croatas antes de concentrarse completamente en Inglaterra.